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El más doloroso regreso a casa después de la fatal explosión

Casi 160 personas tomaron contacto con sus viviendas por primera vez tras la catástrofe y se enfrentaron al horror de haber perdido todo.

Sábado 10 de Agosto de 2013

La echaron del trabajo el viernes y el martes explotó su casa

Natalia Silvestre tiene 29 años. Era cajera del supermercado La Gallega y el viernes la echaron. Vivía en Salta 2146 2º B, frente al edificio que explotó, con su mamá, que está en silla de ruedas. Ayer volvió a su departamento para buscar algo de ropa, porque salió sin nada. Su papá falleció hace ocho años. La chica no sale del estado de shock, tiene miedo de dormir porque cree que volverá a despertar entre escombros. "Escuché la explosión y a un hombre que decía nos morimos, se me cayó una pared encima, explotaban los vidrios, no entendía nada; no me acuerdo si me sacaron, un vecino la sacó a mi mamá", relata con la voz entrecortada y unas bolsas de consorcio con algo de ropa. Sólo se acuerda de que estaba con ropa interior en la calle y un hombre que la alzaba. "Me dieron un pantalón y una campera, una señora se sacó las medias y me las dio. No sé, no entiendo, no tengo familiares. Estamos parando en una casa que nos alquilaron pero sólo por un mes y yo necesito un trabajo porque soy el sostén familiar", repite consternada. "Vos te acostás un día, te levantás y no tenés más casa". Sólo hay tres muebles en pie y se cayó una pared.

"Disculpame, pero no puedo más"

"Yo vivía en Salta 2146, 4º B, con mi mujer, mi hijo y mi mamá . Esto no es fácil. Está todo roto: ventanas, puertas, muebles, mampostería. Hay mucha gente llorando. En el momento de la explosión estábamos trabajando. Mi mamá fue rescatada", contó Carlos, que junto a su mujer y a su hijo de 7 años acababa de cruzar el vallado de Balcarce y Catamarca con bolsos y cajas con algunas pertenencia. "Disculpame, pero no puedo más", balbuceó con un nudo en la garaganta que le cortó la voz y los ojos inundados de lágrimas.

 

Un departamento de jubilados en ruinas

 

Norberto y Liliana son jubilados y ayer sacaron dos bolsitos con algo de ropa de su departamento, ubicado frente al edificio que explotó. "Toda una vida para conseguir una casa y una jubilación tranquila y de un día para el otro te quedás sin nada", relató dolida Liliana cuando salió de su departamento ahora en ruinas. Recuerda con horror el momento de la explosión. Ella sintió el ruido estremecedor y explotaron los vidrios. Su esposo, Norberto, estaba por desayunar y cayó al piso. "Gracias a Dios estamos vivos", subrayó Liliana, quien se lamentó por la pérdida de la vida de tantos jóvenes que vivían enfrente y también de las personas mayores que conocía de la cuadra.

"Mi beba se salvó de milagro"

Juan Pablo vivía en el 5º piso de Oroño y Catamarca, el contrafrente de su departamento da al supermercado La Gallega. "Estaba por entrar a dar clases en la facultad y sentí la explosión. Enseguida sonó el teléfono, era Andrea mi mujer que me llamaba urgente", relató ayer Juan Pablo cuando volvió por primera vez a su casa después del martes nefasto. Toda el ventanal del contrafrente estalló sobre la cama y la cuna donde dormía Giuliana, su beba de 4 meses. Su esposa la rescató y la nena "de milagro" no sufrió ni un raspón. Cuando Juan Pablo llegó su esposa ya había bajado. Le pidieron que desalojen el lugar. Se fueron a la casa de los padres de Andrea y recién ayer pudieron ir a buscar algo. En tanto un gasista matriculado estaba revisando cada departamento para comprobar que no hubiera pérdidas.

Un festival solidario para agradecer

Gustavo Gabeta, un reconocido músico de la ciudad, vivió desde el balcón de su departamento (Salta y Balcarce) los instantes previos al colapso. Ayer, mientras esperaba a su mujer para regresar al edificio luego de la tragedia y rescatar algunas pertenencias, hizo un repaso de sus sensaciones. "El primer ruido que se escuchó fue tremendo, semejante al sound cheek (chequeo de sonido), antes de un concierto. Un zumbido infernal. Me asomé al balcón y vi a un hombre en medio de la calle que me hacía señas desesperadas para que me metiera adentro. Me di vuelta y la ventana explotó, dos cuchillos quedaron incrustados en la heladera. Fue tremendo, pero por suerte sólo sufrí un rasguño", relató agradecido. Ahora, el músico quiere organizar un festival solidario en agradecimiento a toda la gente: bomberos, rescatistas, voluntarios, soldados, "a todos los que están trabajando y dando una mano", dijo tras lamentar las víctimas jóvenes que se cobró la tragedia.

Un ramo de flores en medio del dolor

Miguel Decunto (vecino de Balcarce 556), llegó ayer con un racimo de claveles rojos en la mano. "Estoy acongojado, y como no puedo abrazar a los familiares de los fallecidos, quiero poner esta flores en la puerta del edificio, pero no me van a dejar pasar", dijo el hombre respetuoso del sufrimiento ajeno. En ese momento, un gendarme que cuidaba la entrada se acercó, le extendió la mano y le prometió depositar el ramo en el lugar. Un símbolo de amor en medio de la angustia que sufrían ayer los vecinos.

Encontró a su gata

Mariela salió llorando de su departamento, el 7º piso del edificio de Salta 2146. En medio de la conmoción de encontrar su casa destruida, bajo los escombros, pudo más la emoción de hallar a su gata parada en la cama de su dueña. "Me estaba esperando", decía entre lágrimas la joven que vivía allí con su marido. Una vecina contó que la chica salió muy descompuesta el día de la explosión, al igual que su esposo, y que tenía dos gatos.

Explotó todo a sus espaldas

"Mucha gente se salvó de milagro. Uno de mis vecinos me contó que un segundo antes de la explosión había sacado la cabeza por la ventana para ver qué pasaba, y al darse vuelta al interior le explotó todo a sus espaldas. Por suerte nosotros estábamos trabajando", relató Enzo, que atribuyó a un milagro no estar en el momento en el que sucedió el terrible accidente.

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