Sábado 07 de Enero de 2012
Con ansiedad y preocupación deseo poner a debate el tema del uso de la pirotecnia (mejor dicho, el "mal uso") que sabemos, es mayor en las festividades de Navidad y Año Nuevo. Considero al respecto, un uso desmedido y casi irracional en cantidad y calidad (mucha mayor potencia que en décadas anteriores). La irracionalidad la califico a partir de los mal llamados "accidentes", pero antes que ello por la total muestra de desinterés en la posibilidad de molestia al prójimo. Y no me refiero concretamente a mí (que estoy obligado a soportar como tantos), sino a aquellos casos de ancianos, enfermos, convalecientes, recién nacidos, estén éstos en un hospital o en sus domicilios en cualquier barrio de la ciudad. Incluyo en el tema, a las mascotas. Ese desinterés -innegable según lo que experimentamos- es parte de la falta del sentido de convivencia, que a su vez es fruto de la falta de educación, de creer tener derecho a hacer lo que se quiera y de la permisividad absoluta en el "desconcepto" de democracia. No me detengo en los "accidentes por pirotecnia", porque al igual que morir por la negligencia de no respetar una barrera ferroviaria o no usar casco, corre por cuenta de quien lo hace, cuando tiene capacidad para discernir. Excepción hecha de los niños, que obviamente son consecuencia de la estupidez de algunos adultos. Es éste uno de los grandes temas en los que el Estado debiera estar presente, regulando esa actividad. Entiendo como regulación en este caso, restringir la utilización de la pirotecnia a espectáculos públicos o similares y manejada sólo por personal idóneo y autorizado. Puede parecer utópica la pretensión sobre todo si se esgrimen razones económicas, como argumentos de que "no se puede". Pero por sobre lo económico, está la convivencia, no cuánto dinero mueve la pirotecnia ni cuánta gente vive de la pirotecnia. Esto es válido para el caso de los "chicos" que en el armado del viaje a Bariloche de septiembre, arrancan con bombas potentes y de las más variadas en abril y desde las siete de la mañana con superlativa molestia al vecindario (caso alumnos Escuela Normal 1). Como ciudadano y vecino, apelo al Estado en sus distintos niveles para que este tema sea abordado y tratado pensando en el bien común y sin el temor a calificaciones de aquellos que entienden o confunden que poner orden es reprimir. Si no está legislado, habría que considerarlo en defensa de la población.
Hugo Funtanillas / DNI 10.269.166