Lunes 23 de Noviembre de 2009
No estoy loco, pero sí a punto de volverme loco. No entiendo cómo puede ser que habiendo sido Rosario destinatario del sueño de Belgrano, tener la bandera más larga, disponer del único monumento en su honor que existe en el mundo, tenga que estar repitiendo una y otra vez esta preocupación que me angustia el alma. Y a alguno tal vez le parezca una tontería, pero me duele, intensamente, me duele que los mástiles de nuestra ciudad sigan permaneciendo desnudos. En la reciente Fiesta de Colectividades cada país lucía sus símbolos patrios. Si bien el Monumento brillaba azul y blanco, no era así a pocos metros de la Municipalidad, en las plazoletas Sicilia, República del Perú e Imperio. ¿Acaso no debiéramos demostrar, tan cerca del Monumento, nuestro respeto al símbolo máximo haciéndolo flamear en libertad? Mi locura se hace mayor cuando esa misma semana descubro el abandono en que se encuentra, víctima del vandalismo o la torpeza, el monolito erigido en homenaje a los autores de nuestro Himno Nacional. Más sorpresa aún encontrar el monumento al Abanderado Grandoli sin su placa identificatoria, aunque más no sea de yeso para que no la vuelvan a robar. Se trata del joven de 16 años que murió abrazado a ella en Curupaytí defendiéndola con orgullo, y cuyos jirones se encuentran en el Museo Histórico "Julio Marc". Esto no es nuevo. Mi locura fue creciendo con el tiempo… Desde 1995 que La Capital me publica artículos por mi preocupación. He visitado fundaciones, instituciones, centros, empresas, con el objetivo de que tomen partido en el asunto e incluso hasta existe un expediente, el Nº 171.176 de mayo de este año que espera resolución en el Concejo. Si la ciudad en su conjunto ama la Bandera, da permanentes muestras de veneración, ¿por qué no organizamos un plan de acción entre vecinos, comerciantes, instituciones, centros tradicionales, y nos turnamos para izarla al menos los domingos y días feriados en los mástiles de la ciudad? Este loco no puede dejar de indignarse al ver que los mástiles de la plaza Libertad suelen ser usados con pasacalles publicitarios comerciales que más tienen que ver con la libertad del mercado que con la libertad de la Patria. Reconozco que tal vez otras urgencias puedan ocupar los temas del debate, pero nos debemos éste que habla de nuestra identidad como argentinos, porque se trata del símbolo máximo que nos cobija a todos, en unión, igualdad y libertad. Estamos próximos a celebrar el Bicentenario de la Patria, ¿acaso no sería una buena oportunidad para que pueda curárseme esta "locura"?
Albino José Serpi, DNI 6.007.203