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El laberinto peronista

Para entender Santa Fe hay que entender el laberinto peronista. La provincia no es "El General en su laberinto", desarrolla otro realismo fantástico.

Sábado 10 de Enero de 2009

Para entender Santa Fe hay que entender el laberinto peronista. La provincia no es "El General en su laberinto", desarrolla otro realismo fantástico.

En 1983 la fórmula Vernet-Martínez dejó fuera a: Luis Rubeo, Rubén Cardozo, Raúl Carignano, Eduardo Cevallo, Oscar Lamberto, Juan Carlos Taparelli (siguen las firmas) y reconoce un constructor: Antonio Andrés Vanrell. Buena parte del poder devenía de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) y la alianza de un dirigente metalúrgico radical (Mario Scallerandi) con un abogado laboralista: Héctor Cerruti… y la serie de contactos que la UOM y "El estudio" tenían antes de 1983. Duró al menos 8 años una influencia que se extendió al Poder Judicial del sur santafesino y otras instituciones.

Año 1987, segunda gobernación, esta vez el doctor Víctor Reviglio. Rosario completa la fórmula con Vanrell. Sobre 1987 el total de la dirigencia ocupó cargos; desde ministros hasta diputados nacionales. Senadores: Luis Rubeo, Liliana Gurdulich. Recordar: presidencia de seis años, senadurías de tres, seis y nueve años, por sorteo o licitación. Todas las líneas internas cobraron su cuota parte.

En Santa Fe investigan al intendente (Carlos Aurelio Martínez). Va a la cárcel el ex vicegobernador de Vernet. El concejal acusador fue Jorge Obeid. La ciudad capital se cura en salud y elige a un demoprogresista, que fallece.

Año 1988, Vanrell y Rubén Cardozo forman parte de los "doce apóstoles" que apuestan a Carlos Menem. El resto apuesta a Cafiero. Con toda la inteligencia peronista detrás, Antonio Cafiero pierde la única interna grande que conoció el peronismo. Vanrell crece y el affaire de los "juguetes" (Vanrell es juzgado primero por sus pares) deja en escorzo al peronismo. Segundo vicegobernador consecutivo que va preso. Todos los dirigentes cafieristas lentamente "entran" al menemismo. Todos. El peronismo santafesino serpentea por las ruinas circulares, desconcertado. Algunos de Massera a Menem, sin escalas.

En febrero de 1991 un verdadero hacedor de políticas, Eduardo Duhalde, pide en Rosario un favor mediático. Sugerir la candidatura de un hombre muy conocido, pero sin pasado político: Carlos Alberto Reutemann. La ciudad capital se entusiasma. El peronismo también. La encuesta da positivo, más que para Menotti, a quien también se mide en encuestas. La catástrofe no llega. Una oportuna ley de lemas (todas las listitas suman al lema) lo consagra gobernador. Mirar los legisladores provinciales que la votaron es aleccionador. Reutemann no conocía nada de la cosa pública. Su superministro es un santafesino con experiencia administrativa desde 1980: Juan Carlos Mercier. Hoy aún está.

El radicalismo en 1991 pierde por tercera vez, primero con Aníbal Reynaldo, luego con Luis Cáceres y finalmente con Horacio Usandizaga. El peronismo gana con un desconocido, con un palurdo y con un out sider: Vernet, Reviglio y Reutemann, respectivamente. Se instala la frase: "Hay que llegar con 100 mil votos de diferencia a Rosario y se gana la provincia, que Rosario se arregle sola". Autor: "el Chango" Funes, a quien Mera Figueroa designa para cuidar al muchacho, al "Lole". Obeid es intendente de Santa Fe. Reutemann y Obeid conforman una sociedad política pasional. Se aman y se odian. Se usan. Se precisan. Rosario sigue alejada del peronismo, ayuda a ganar la provincia, pero no pertenece a las entrañas. Las envidias alcanzan para dividirlos. Cuando Usandizaga renuncia a la Intendencia ganan los muchachos socialistas. Reutemann inaugura la tendencia: vicegobernadores pálidos. Robles, un dirigente pueblerino, histórico, sin estructura, es su compañero.

Para el momento de las reposiciones (1995 ) Obeid elige a Venesia de vice, otro pálido, sin votos. Reutemann, el gran elector, se va al Congreso. Héctor Cavallero traiciona el ideario socialista, hace de partenaire del peronismo menemista. El sur pierde. La ciudad de Santa Fe domina. El peronismo, para los departamentos del sur, comienza a ser inexplicable. Reutemann no habla, Obeid le da besos a Binner, Venesia no construye en el territorio excepto para sus hijos. Rosario mira a la provincia lejos y a Binner más cerca. El resto de la dirigencia peronista calla, acepta la situación. Digresión: nunca se habló de izquierdas, derechas y reivindicaciones a los derechos humanos en el peronismo santafesino. Nunca.

El segundo turno de Reutemann (1999-2003) llega fácil. La situación se define histórica y psiquiátricamente: Obeid y Reutemann no se separarán. Como todo matrimonio, reconoce traiciones, adulterios, pero nunca ruptura del vínculo. La ciudad de Santa Fe los precisa, conocer las traiciones otorga tranquilidad a quienes se traicionan. Rosario sigue ausente. Reutemann elige a Marcelo Muniagurria, quien con apellido liberal y actitudes al tono, no aporta votos ni línea interna. Paradoja: dos demoprogresistas de origen gobiernan Santa Fe. Miran a De la Rúa con Tinelli por tevé. En el 2003 llega el segundo turno de Obeid, con Reutemann para senador. Obeid elige una rosarina no peronista: María Eugenia Bielsa, apellido conocido, ningún arrastre de votos. Reutemann y Obeid repiten conductas. La ley de lemas hace la magia. Rosario entiende: es definitiva la traición del peronismo. Rosario lee el mensaje.

En el 2007 la ciudad de Santa Fe entra en dudas. El sur no duda. El norte acompaña el sinceramiento sureño. Obeid cornifica a Reutemann. Chau ley de lemas. Santa Fe se siente traicionada por la fórmula Rafael Bielsa-Galán. El resto es actualidad. Gana Binner-Tessio. En Rosario, San Lorenzo, Villa Gobernador Gálvez, en la propia ciudad de Santa Fe. Legítimo triunfo. Con la chequera, el poder y el apoyo nacional el peronismo pierde la provincia. Obeid lo hizo.

La farolera tropezó. Se enredaron los piolines. Para salir del laberinto (el fracaso) el peronismo está perdonando a Obeid y reclamando el retorno de Reutemann. Agustín Rossi es un invitado a la boda y a Kirchner lo saludarán en el atrio. Rosario todavía no compró el retorno. Sin el sur, ojito, no hay provincia que valga.

El mito dice por arriba, la salida es por arriba. Conviene hacerles caso a los mitos. El peronismo, qué duda cabe, está sin rumbo. Si Binner no choca la calesita (la Carrió quiere eso) algunos peronistas morirán de inanición en el laberinto. Reutemann no. Un hombre que entró solo sabe salir. Solo.

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