Jueves 23 de Junio de 2011
En este planeta el calor aumentará, los precios de los granos serán cada vez más caros, la población mundial llegará a 10.000 millones de personas para 2100, muchos países mejorarán su calidad de vida y todos querrán comida para ese entonces. Soja, maíz, trigo y arroz son los cuatro granos preferenciales en la dieta del ser humano por su mayor presencia de hidratos de carbono. El nuestro es un país bendecido, genuinamente rico por naturaleza, no golpeado por ningún fenómeno climático, apto en toda su extensión para producir millonarias cosechas agrícolas. El gobierno conoce que el futuro es venturoso y que mucha de esta ventura provendrá del sector agrícola, no de otro lado. Pero el modelo populista circulante no llevó la riqueza a las clases populares: los habitantes bajo el límite de pobreza son elevadísimos al igual que la desocupación o el empleo no declarado y es intensa la migración de pobres desde el campo a los grandes conglomerados. Oficialismo y oposición cinchan como en el juego del pato criollo cuando dos adversarios intentan retener para sí la pelota (léase Nación). El oficialismo cincha por su modelo populista que, reitero, no es populista según los resultados. Intenta descalificar injustamente a una inflación real que castiga a quienes menos tienen. Desarmado frente a una explosiva situación que se les escapó como el caso de las Madres de Plaza de Mayo, no tiene el mínimo control sobre la cantidad y calidad de empleados públicos en actividad, reparte mayoritariamente subsidios en Capital Federal y suburbano en detrimento del resto del país, no castiga las responsabilidades delictivas de quienes han hecho suyo el reclamo piquetero, no se esfuerza por investigar el origen de las riquezas obtenidas por los amigos del poder o los sindicalistas, hay abrumadores casos de corrupción sin resolver y así podemos seguir. En tanto la oposición que debería ser una sola como en cualquier país que se precie de serlo está totalmente fragmentada. Lo único que interesa es la ubicación en la lista de diputados. Dar un correcto paso al costado cuando corresponde es cosa de hombres que sienten la política. No parece ser este el caso de nuestro país donde priman los intereses personales y la permanencia en los puestos antes que la vocación por la profesión. Décadas de enlaces y alianzas se disuelven como arena en el agua cuando se debe decidir quién ocupará las primeras posiciones. Infinidad de teorías abonan sus posturas disidentes pero como diría mi padre “es todo charamusca”.
Rubén Mario Baremberg, DNI. 6.012.531 rubenbaremberg@express.com.ar