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El jarrón chino y las candidaturas

El largo e imbricado proceso que vincula a Boudou con el caso Ciccone ha constituido un no menos extenso derrotero de problemas para el gobierno nacional.

Domingo 08 de Junio de 2014

El resultado de la declaración indagatoria a la que debe someterse el vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, definirá no sólo el futuro procesal del segundo personaje de importancia en la escala jerárquica del poder sino que —en caso de procesamiento— obligará a una definición trascendente de parte de la jefa del Estado, justo cuando Cristina Fernández ingresa en su último tramo de mandato.

El largo e imbricado proceso que vincula a Boudou con el caso Ciccone ha constituido un no menos extenso derrotero de problemas para el gobierno nacional. El ex ministro de Economía de Cristina se convirtió aun en funciones en el prototipo del teorema de Felipe González, quien dijo alguna vez que determinados ex funcionarios son como jarrones chinos en departamentos pequeños: objetos inútiles, que estorban, y que nadie sabe dónde colocar .

Boudou se convirtió en un obstáculo no sólo adentro mismo de la estructura del poder sino que además sus problemas se iniciaron casi en paralelo con el inicio del segundo mandato de Cristina Kirchner. Y con su vice, la presidenta no tiene red que la mantenga al margen. Fue ella y solamente ella la que decidió que Boudou sea su candidato a vicepresidente pese a las opiniones en contrario que se levantaron, incluso, en su círculo íntimo de poder.

Aquellos viejos tiempos. Todo el proceso Ciccone es asfixiante para el vicepresidente, quien no paró de tener sobresaltos y malas noticias ante cada declaración de los testigos. Las respuestas de Boudou al llamado a indagatoria tampoco permiten mínimos elogios. Sin recato ni pudor, el vicepresidente la emprendió contra los periodistas que siguen el día a día de la causa, en lo que pareció una remake de aquellos funcionarios menemistas que, a fines de los 90, veían truncadas las salidas judiciales a su favor.

De acuerdo al contexto de la causa, a los movimientos del juez Ariel Lijo y los antecedentes del expediente, Boudou tiene pocas chances de resultar ileso tras su paso por Comodoro Py, aunque en los Tribunales, como en la política, nunca está escrita la última palabra. Tampoco hay que subestimar el poder de fuego del presidente del Senado, quien en su primera arremetida en los albores de la causa se llevó puestos al juez Daniel Rafecas, al fiscal Carlos Rívolo y al mismísimo procurador Esteban Bebe Righi, una especie de sancto santorum del peronismo de todas las épocas.

En todo caso, y al margen del resultado judicial de la indagatoria —recién a fines de julio o principios de agosto podría saberse si Boudou zafa o si resulta procesado— la saga de episodios parece confirmar cierto halo maldito que envuelve a los vicepresidentes. Los que terminaron su mandato en fecha junto al presidente no llegan a la mitad: Salvador María del Carril en 1859, Adolfo Alsina en 1874, Mariano Acosta en 1880, Francisco B. Moreno en 1886, Norberto Quirno Costa en 1904, Elpidio González en 1928, Julio Roca (h) en 1937, Hortensio Quijano en 1952, Carlos Ruckauf en 1999, Daniel Scioli en 2007 y Julio Cobos en 2011.

La novedad del caso Boudou respecto a los problemas de los antecesores desde 1983 a la fecha es que no está enfrentado a su inmediato superior, algo que sí sucedió en los casos de Eduardo Duhalde con Carlos Menem, Carlos Chacho Alvarez con Fernando de la Rúa y Julio Cobos con Cristina Kirchner. Por primera vez en mucho tiempo (debe computarse incluso la zigzagueante relación de Scioli con Kirchner) no hubo problemas de vínculo entre Boudou y Cristina. Los trastornos se deben a la flojera de papeles del vicepresidente.

Al margen de la gran noticia que parece encapsular todo, la política comienza a dar señales concretas de querer ingresar en un escenario electoral adelantado, con todos los candidatos moviéndose en pos de ganar terreno y consideración mediática.

En ese sentido, el kirchnerismo agita en su seno las posibilidades de llevar adelante una interna competitiva y direccionada a mantener al espacio en el poder. En una entrevista exclusiva con LaCapital, Scioli confirma hoy sus expectativas de suceder a Cristina y ofrece algunos signos interesantes respecto de lo que será su estrategia discursiva. El gobernador bonaerense se presenta como el "cambio posible" dentro de la estructura y se reivindica como el "candidato original del consenso", en una declaración que parece destinada a sus contendientes pero que, sin duda, está dirigida como contraplano de los postulados del gobierno nacional.

En el campamento sciolista argumentan que los votos que el gobernador coseche en las internas serán, apenas, "un piso electoral" para ir en busca del sufragio independiente que siempre el peronismo necesitó para acceder el poder desde 1983 hasta acá. "El Frente para la Victoria puede alcanzar un 30 por ciento de voto duro si Daniel es el candidato. Pero es el único que puede acercar a un 15 por ciento de independientes que permita que el justicialismo siga gobernando después de 2015", comentan en una de las oficinas que Scioli tiene en el edificio del Grupo Bapro, desde donde se observa la Casa Rosada.

Luces de la ciudad. A la vez que Massa intenta mantener las expectativas creadas —y depositadas— en las últimas elecciones sin gozar de la exposición que reditúa tener una posición de poder y gestión, Mauricio Macri disfruta del mejor momento de su administración en la ciudad de Buenos Aires. Una última encuesta arrojó que el 77 por ciento de los porteños aprueba la gestión del PRO.

¿Hay posibilidades concretas de una interna abierta entre Massa y Macri para que, al fin, no terminen condenados ambos si es que se mantiene la disputa por el mismo perfil de votante? "No hay ninguna posibilidad. Sería una locura que yo termine compitiendo en las Paso con Alberto Fernández o con (Raúl) Othacehé", dicen que se rebela el jefe de Gobierno porteño.

Desde el massismo consignan que pese a la buena gestión en la Capital Federal, Macri no ha logrado hacer pie en la provincia de Buenos Aires. Cerca del ex intendente de Tigre sostienen que si mantienen los votos logrados en el principal distrito del país ya están en el ballottage, apostando a que llegarán a esa instancia, incluso, bajando la vara en el resto del país.

En el reservorio del Frente Amplio Unen, por lo bajo hay coincidencia en que al margen del derrotero interno se necesita un tigre de papel para mover la agenda. "Necesitamos que (Hermes) Binner dispute la agenda con el resto de los competidores, ya no alcanza con la marca Santa Fe que pretendíamos instalar hace un tiempo como handicap por todos los problemas que aparecieron con el tema del narcotráfico", dice el líder de un partido aliado al socialismo.

Allí también acusan a un par de medios nacionales "por seguir batiendo el parche" con el tema narco cuando "hoy la situación está más controlada".

Por los intersticios que deja la impactante situación judicial del vicepresidente, y entre amagues, encuestas y pruebas de laboratorio, la política comienza a ensayar sus primeros acordes camino al recambio en lo más alto del poder.

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