El inmenso amor del rosarino
Hace varios días que el luto como un manto de niebla opaca la vida de los rosarinos. Por esa nube de humo con llamaradas de fuego y gran estruendo; por esa imprevista explosión de gas que se cobró la vida de inocentes habitantes que, sin parámetros de edad, condición y sexo, fueron alcanzados por el horror.

Jueves 22 de Agosto de 2013

Hace varios días que el luto como un manto de niebla opaca la vida de los rosarinos. Por esa nube de humo con llamaradas de fuego y gran estruendo; por esa imprevista explosión de gas que se cobró la vida de inocentes habitantes que, sin parámetros de edad, condición y sexo, fueron alcanzados por el horror. Una explosión que afectó a tantos otros que perdieron sus hogares y que por la noche recuerdan como fantasmales sus antes familiares ambientes de sus viviendas. Dejando heridos en distintos hospitales que aún tratan de recuperarse de sus heridas físicas y de los traumas. En tanto, los que milagrosamente se salvaron están abrumados de dolor, aunque agradecidos de estar con vida. Muchos otros, como yo, no sufrimos la pérdida de seres queridos ni perjuicios materiales, pero nos sentimos tan mal que queremos mitigar el dolor de los afectados inundando de colaboraciones y ofrecimientos de habitaciones, ropa, comida, apoyo psicológico y hasta de nuestra propia sangre a los centros de recepción. Queremos decir presente, hacer saber a los que fueron tan duramente heridos que existe una ciudad solidaria. Desde las autoridades provinciales, municipales y nacionales hasta el más insignificante de sus habitantes hizo sentir su presencia. Aquí estamos con ustedes, no están solos. ¡Fuerza! Sin banderas partidarias, los distintos credos, los clubes de fútbol, los partidos políticos, todas las instituciones y los gremios, toda la ciudad ha puesto lo mejor de sí para trabajar codo a codo en la búsqueda, ayuda y reubicación de las personas, en perfecta armonía y eficiencia. Una tragedia enlutó a una ciudad, en la calle se habló en voz baja y poco; no hubo bocinazos y reinó el silencio. El oído estuvo pegado al celular, los ojos a la tele, las manos en la compu. El rezo esperanzado fue continuo y el pedido el mismo. Fuerza para los que trabajaban y esperanzas para los que perdieron todo o casi todo. Vaya también el más grande agradecimiento a los que vinieron de todo el país a ayudar; a dar las dos manos y el corazón, bomberos voluntarios, policías, rescatistas, militares, ex combatientes de Malvinas, los médicos, enfermeros, estudiantes. El mensaje positivo de esta tragedia es la enorme solidaridad del pueblo argentino. Y la madurez de autoridades y rosarinos. La tragedia de calle Salta nos ha quitado la sonrisa, pero no la fuerza para hacer una ciudad mejor.

Cristina J. Goytía
DNI 2.753.757