Miércoles 16 de Junio de 2010
Hay conceptos cuyo significado aún no se conoce acabadamente. Uno de ellos es el de "representatividad". El sistema de gobierno que –creo– cuenta con el consenso mayoritario de la sociedad argentina es la democracia; sin embargo, ante los traspiés, esperables en cualquier gestión, demasiada gente cuestiona la legitimidad de quienes eligió en legítimo uso de su libertad. Hoy Rosario Central pasa un momento crítico en su historia futbolística y hay mucha gente que termina lastimada injustamente. Un caso particular es el del empresario de espectáculos Pepe Grimolizzi, quien debió soportar la carga de enfervorizados hinchas que manifestaron atemorizando a medio mundo, y pintaron el frente del teatro El Círculo, donde días atrás actuó el conjunto folclórico Los Nocheros. Creo que es preciso separar la paja del trigo. El señor Grimolizzi es un hincha fervoroso de su club, integró la última comisión directiva y es una persona conocida por su seriedad y vocación de servicio. Por lo tanto, es totalmente injusto que deba soportar que un grupo de energúmenos plantee una sola duda sobre su honorabilidad. Ya es bastante el dolor que debe producirle la situación por la que atraviesa su equipo como para recibir, además, la descalificación insultante de quienes lo eligieron como integrante de una comisión para regir los destinos del club. Otra cuestión sobre la que deberían explayarse los desaforados hinchas gira en torno a la pregunta ¿dónde quedó el espíritu crítico? En toda contienda hay quien gana y quien pierde. Sin embargo, hay quienes se consideran invencibles siguiendo la corriente que empuja a la sociedad argentina hacia un pretendido estado de complacencia absoluta. La derrota –como el triunfo– nos debe incluir a todos y precisamente esa es la razón que justifica una competencia. ¿Si Central empataba el partido que perdió, hoy veríamos las casas de los dirigentes del club protegidas por vallados y policías? Si la respuesta es "no", se desnuda la injusticia de tanto reclamo desmadrado y la falta de presencia de quienes hoy vociferan y callaron a lo largo de los dos últimos años. Estas manifestaciones traen al presente escenas negras de nuestra historia, cuando se exigió "que se vayan todos" sin discriminar responsabilidades de merecimientos. Los únicos permeables a tales reclamos son los honestos. Los "vivillos" cuentan con una capa de protección que los hace invulnerables a las críticas. Y, paradójicamente, se van primero los que deberían quedarse. La moraleja siempre es la misma: "No te metas, que no te conviene". Uno de los requisitos para adquirir la madurez es el equilibrio entre lo que ofrecemos y lo que exigimos.
Marcelo Menichetti, DNI 10.761.345