Martes 14 de Junio de 2011
El parricida Sergio Shoklender aparece ante la opinión pública como un corrupto más asociado al "Club de las Uñas Largas". El gobierno reconoció su encubrimiento inicial y dio el brazo a torcer denunciándolo por manejo indebido de fondos. Hasta acá el hecho puntual. Pero existe un aspecto por el que los periodistas tiemblan: cómo afectará el papelón al prestigio de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, el escudo ético del actual régimen. Casi el total de los analistas, incluso los agredidos en forma recurrente por la propaganda oficialista, cierran filas con la misma muletilla: este escándalo no tiene que manchar el "honor" ganado por las Madres con sus años de lucha. Uno debe preguntarse a qué se debe tanto cuidado por ese aspecto. Cuando es común escuchar cantidades industriales de diatribas e insultos hacia el Poder Judicial, la Iglesia Católica, el Ejército, los sindicatos y los partidos políticos, haciéndolos responsables por las malas acciones que cometen cada uno de sus integrantes. Debe buscarse una poderosa razón para no aplicar igual criterio a una organización liderada por una neurótica, con el coraje suficiente para alegrarse por el atentado a las Torres Gemelas.
Gustavo Micino, micinogustavo@yahoo.com.ar