El hombre y los delitos
Desde que Dios echó al hombre del Edén por confundir lo que esta bien con lo que le conviene, se han repetido delitos de todo tipo, y continuarán sucediendo, porque está en la esencia del ser humano.

Miércoles 10 de Junio de 2015

Desde que Dios echó al hombre del Edén por confundir lo que esta bien con lo que le conviene, se han repetido delitos de todo tipo, y continuarán sucediendo, porque está en la esencia del ser humano. Entre todas las especies, sólo el hombre ha llevado la sofisticación a comenzar engañándose a sí mismo como la mejor forma de afrontar con mayor naturalidad la mentira hacia los demás, ese entrenamiento lo lleva a perder la conciencia de su mentira y asumirla sin duda alguna. Vivir con sentido es saber que pertenecemos a una especie que ha alcanzado una gran perfección en el diseño de sus habilidades de falseamiento y mixtificación. Que algunos delitos se hayan aclarado, no resulta ser por el triunfo ocasional de un grupo de hombres buenos contra otro de hombres malos. O porque Don Quijote y Sancho emprendieron contra lo molinos de la corrupción para embestirlos enloquecidamente. Por el contrario, quedó siempre más que claro que lo que se muestra como un triunfo policial o judicial, fue producido por la traición de alguno que sintiéndose fuera del reparto, terminó pateando el tablero al ser aislado de su porción del botín por el cual supo diagramar y hasta concretar. Lo sucedido en la Fifa, donde algunos acusados se han declarado culpables y con una pena económica serán liberados, es un claro ejemplo. Chuck Blazer, alias "El Topo", ex secretario de la Concacaf, fue separado de la federación por haber recibido sin hacer los aportes de ley 20 millones de dólares. Habiendo sido descubierto por el FBI, y a quien seguramente le tentó mucho más el monto que se manejaba en Suiza contra la propuesta del Topo para quedar libre, lo utilizó para descubrir a sus ex amigos futboleros. Se investiga hoy en Francia una defraudación de aproximadamente 1.500 millones de euros, de la fortuna de la señora Bettencourt, dueña de una famosa empresa de cosméticos. Los involucrados son el ex presidente Sarkozi y su vicepresidente, quienes ejercieron los más altos mandatos franceses hasta hace muy poco tiempo. El fotógrafo personal de esta señora está acusado de apoderarse de 400 millones de euros de la misma empresa. En este caso se declaró culpable y le dieron una pena de dos años de prisión. Steven Miller principal funcionario de la Agencia Tributaria de los Estados Unidos debió renunciar al descubrirse que manipulaba documentos para lograr la exención de impuestos a famosos políticos (de puro gaucho, nomás). En Brasil el caso Petrobras ha ensuciado a la mayoría de los abogados que forman parte del gabinete de Dilma, en Chile el hijo de la presidenta Bachelet está siendo juzgado por peculado y tráfico de influencias para conseguir créditos fraudulentos. En España, la familia Real está siendo acusada de robos al Estado. El contador Mario Fendrich, hoy en libertad se llevó tres millones doscientos mil pesos (igual a dólares era época del uno a uno), pasó un tiempito en cárcel y el dinero no apareció. A ver cuál es la conclusión, estimados muchachos de las pandillas de los barrios marginales de la ciudad: mas allá de perjudicar a un laburante o a una simple ama de casa, vean de abandonar una profesión cuyas grandes ganancias sin lugar a dudas están destinadas y hechas a medida para gente generalmente con estudios universitarios, altos cargos gubernamentales, allegados y amigos del poder, cuando no a la realeza del mundo. Ellos no sólo roban, defraudan y evaden, sino que hacen lo posible, cada uno desde sus cargos, para que los que vayan en cana, llenando las páginas policiales con delitos de cabotaje, sean siempre ustedes, los simples y postergados ladrones de gallinas.

Norberto Ivaldi