Martes 31 de Marzo de 2015
Está establecido en el orden psicológico del ser humano que hay tres clases de intelecto: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil. Estos estamentos tan claramente definidos en la sociedad hacen que algunos impongan lo que otros sin comprenderlo aceptan y luego padecen. Banalizando el concepto podríamos recordar el tan mentado y evidente "El vivo vive del sonso, y el sonso...". Bien se podría redundar en la discusión de que si uno está de acuerdo o no con la caracterización política de Maquiavelo: la del hombre dinámico en busca de poder. Pero la pregunta que más nos cabe al vulgo de hoy es, "por qué se busca tan denodadamente el poder". La postura más didáctica sería deducir que el hombre ya nace con un deseo o sed de poder y a partir de allí es el artífice de su propio destino. Pero en el camino, el hombre capta como necesidad que para lograr ser dueño de su propio destino, debe primero adueñarse del destino de los otros. De ese modo comienza su carrera por imponer su voluntad sobre los demás. Según Maquiavelo, la política es inherente a la condición humana en general, por consiguiente todo el mundo es un potencial competidor y esta sobrealimentada y potenciada hipercompetencia actual, que como ciudadanos padecemos, hace que se desarrollen todos los medios posibles e imposibles para la obtención y/o conservación del poder. Resultando como normales y/o habituales la formación de alianzas, pactos, traiciones, engaños que acompañan a la venta popular de las apariencias. Las diversas coaliciones políticas, y los mas diversos actores, no escatiman vulgaridades, totalmente ausentes de seriedad programática. Empeñados en una clara carrera en procura de poder comer en el futuro, del mismo lugar donde hoy comen los que lo ostentan. Maquiavelo explica que para estos logros, la traición resulta ser una parte fundamental de la política, y quien no estuviera dispuesto a asumirlo nada tenía qué hacer en los lugares de poder. Luego, Dante Alighieri ubica a los traidores en el último círculo del infierno, ya que considera a la traición como el peor de todos los pecados, porque a diferencia de otros tipos de crímenes, para traicionar primero hay que fingir descaradamente para ganarse la confianza y afecto de la futura víctima. Dejando un consejo: "No permitas que los traidores te afecten, haz todo lo que puedas para crear un ambiente social y de trabajo positivo donde vivas. Si a pesar de ello tu sociedad o la mayoría tolera las acciones de uno o un grupo de traidores, es posible que hayas elegido el lugar y el sistema menos indicado para vivir y trabajar". Para concluir, quiénes sino nosotros convencidos y alertados sobre que los favores y pactos de las alianzas, suelen cambiar cuando las articulaciones del poder se modifican, debemos decidir, cuando hemos llegado a un límite en el que ni siquiera la lógica de la vida, puede empujarnos a seguir soportando negocios ajenos que no nos dejan rédito alguno.
Norberto Ivaldi