Domingo 09 de Agosto de 2009
El hallazgo de una fosa común en la neuquina Chos Malal, con restos humanos que corresponden a la época del avance militar del Estado argentino sobre territorios habitados por comunidades ancestrales, renovó el debate sobre el proyecto de nación que se forjaba a fines del siglo XIX y la represión que lo impuso.
Marta Bonaudo, doctora en historia, indica que “entre la elite que configuró el orden político que gestó a la república y pretendió fijar el mandato constitucional, la idea era que los pueblos originarios no formaban parte de ese proyecto. El mundo que deseaban construir era ajeno a las tradiciones indígenas. Desde Sarmiento en adelante, se habló de una ingeniería social con actores que vinieran de otro lado”.
A las cabezas visibles. “En esa imagen de la nación a construir, algunos no intentaron desestructurar a todas las tribus, sino a las cabezas visibles de esa reacción. El desmembramiento de grupos originarios no sólo se aplicó en el sur, la comunidad de los quilmes fue llevada desde el norte hasta la provincia de Buenos Aires, donde desaparecieron”, explica la directora del Centro de Estudios Sociales Regionales e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
“Hay muchos matices —sostiene—, hubo algunas jefaturas originarias que sobrevivieron tras negociar con el Estado, en instancias que les permitieron un cierto acomodamiento. Pero otros grupos fueron dominados y sumidos. Las nuevas investigaciones dan cuenta de esos procesos de transformación que vivieron las comunidades indígenas ante la campaña militar”.
Aclarar el tono. “El hallazgo de esos cuerpos en Chos Malal debe tener que ver con grupos que murieron en enfrentamiento o fusilados. Pero, tiempo después, también hubo fusilamiento de inmigrantes traídos para hacer aclarar la tonalidad del argentino, sucede que entre los europeos que vinieron había anarquistas y socialistas, muchos de ellos fusilados en 1921”, señala Bonaudo, en referencia a la represión militar desatada por el coronel Héctor Benigno Varela, enviado por el gobierno de Hipólito Yrigoyen para aniquilar una huelga de peones rurales en Santa Cruz.
La lógica de la configuración de la segunda mitad del siglo XIX no tolera el disenso ni pensar en un mundo diferente, tampoco existía un mundo diferente que hubiera pervivido. Aún hoy, esa lógica establece que la civilización tiene un espejo que es totalmente europeo.
Sobre el papel que jugaron los científicos en esa política, la docente e investigadora −quien también es profesora de Historia Argentina II de la Escuela de Historia de la UNR− dice que “el mismo perito Pascacio Moreno, es una figura con negros sobre blancos, igual que Estanislao Zeballos. A pesar de figurar con cierto progresismo, están convencidos de ese proyecto que no contemplaba a las tribus”.
Ciencia y Winchester. Agrega que “el proceso de ocupación de ese espacio se logra con una mezcla entre la ciencia y el fusil Winchester. Geógrafos, paleontólogos y geógrafos pretendían conocer, a veces antes del avance militar”. También remarcó que “la penetración del Estado en la Patagonia, tiene otro actor central: los salesianos. La lógica de la Iglesia Católica siempre fue la de integrar a las comunidades a una cosmogonía de las entidades creadas por la Iglesia y el cristianismo”.
Sobre la persistencia de nombrar con campaña al desierto a la intromisión de un Estado en una zona poblada y de amplios recursos naturales, afirmó que “la historia oficial convalida la vigencia de la idea de un proceso civilizatorio. Como se suele decir: la historia la escriben los que ganan”.
Acorraló a las tribus. “Esa política −explica− acorraló a las tribus, pero tiempo después se apeló a ellas para utilizarlas como fuerza de trabajo. Hay colegas que se dedican a estudiar a la problemática indígena y su difícil integración a la identidad ciudadana. Pero esos grupos no quedaron ajenos al mundo del trabajo y la cultura. En Santa Fe hallé documentos sobre cómo el proyecto mitrista apunta también a convencerlos en matricularse en su propuesta”.
“Pero existe hoy una lucha importante de las organizaciones mapuches en el sur y los wichis en el norte, por el rescate del espacio de territorios que ocuparon ancestralmente y preservar su cultura. Esa necesidad de reafirmar una entidad que tiene vigencia se registró en la película “La nave de los locos”, (1995, dirección de Ricardo Wulicher y guión de Gustavo Wagner, sobre una leyenda mapuche). En esa obras se intentó recuperar una mirada diferente sobre la cotemporaneidad de ese mundo y mostrar una entidad que se debe resguardar como parte del orden social”, resalta Bonaudo.
“No se trata de hacer un indigenismo ciego. Pero nuestro país, que ha tenido un impacto emigratorio muy grande, también tiene ese otro componente”, sostiene la historiadora.
En cuanto a la actitud actual sobre una revisión y autocrítica, como la pedida por el historiador Osvaldo Bayer a la presidenta, Bonaudo señala: “No sé si el Estado tiene la capacidad, como lo hicieron en otras naciones, de reconocer la atrocidad del proceso que desató la matanza, pero debería hacerlo como una cuestión ética y para dar mayores muestras de un proyecto integrador y democrático. Se trata de asumir que algunas gestiones gubernamentales violentaron las normas de derecho, esa es una forma de respetar y retomar nuestro pasado y el presente”.