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El Golfito hizo hoyo en el barrio

Un grupo de caddies entrena a 37 chicos del barrio Stella Maris, con palos y pelotitas prestadas, en un campito donde pastorean caballos, pegado al barrio privado Aldea. También les preparan el tercer tiempo. Necesitan de todo, pero en dos meses de trabajo aseguran que asoman promesas.

Miércoles 12 de Noviembre de 2014

Al noroeste de la ciudad los contrastes pueden ser tan marcados como el día y la noche. Y un carrito eléctrico de golf puede parecer inocente, sin embargo es uno de los culpables de las tantas diferencias en esta historia. "Desde que aparecieron los carritos, hará unos cinco años, nosotros nos comenzamos a quedar sin trabajo. Entonces hacemos changas de albañilería o jardinería y además, pensando en lo que sabemos hacer deportivamente y en los chicos, nos juntamos y formamos un espacio de entrenamiento para que los pibes del barrio no anden sin hacer nada en la calle. Vienen 37, les damos un tercer tiempo y ya tenemos algunas promesas. No hay que perder de vista que los mejores golfistas han sido caddies". Eso asegura Daniel Hermosín, de 47 años, padre de seis hijos y caddie desde los 9. Vive en el precario barrio Stella Maris, ubicado a poca distancia del arroyo Ludueña y el barrio privado Aldea. El, con su mujer y otros colegas, todos del mismo vecindario, crearon El Golfito. Necesitan de todo pero mientras tanto y desde hace dos meses empezaron las prácticas, con los palos y pelotitas que les donaron socios del Rosario Golf Club. Prácticamente con nada hicieron "hoyo en uno" en un barrio castigado por la vulnerabilidad social, la discriminación y muchas veces también el olvido.
El domingo, a las 9 y ya bajo un sol impiadoso, Ovación encontró a los catorce primeros chicos que fueron a entrenar, en un campito de yuyos altos, donde pastorean algunos caballos, sobre calle 1462, al este de Aldea. Las prácticas también tienen lugar los jueves desde las 17.30, "hasta que baja el sol", según los entrenadores.
A El Golfito lo integran chicos de entre 4 y 14 años (hasta ahora sólo cuatro nenas). Todos asisten a la  Escuela 299 Ceferino Namuncurá.
 Cuando llegaron a la práctica ya estaban listos los espacios de entrenamiento. Una madera cada tres metros les indicaba a cada nene dónde debía pararse para practicar los golpes y evitar poner en riesgo a sus compañeros. Junto a cada separador había diez pelotitas de golf para cada uno. Los chicos, algunos con guantes, otros con ojotas, la mayoría con gorras con visera y camisetas de fútbol, llegaron y se pusieron en sus puestos. Entrelazaron los dedos y luego las manos en los palos, separaron los pies, se balancearon unas cuantas veces para precalentar, colocaron la bola entre los pies y pegaron hacia una arboleda, a la que se quedaron mirando al final del gesto. Nadie le dio con el palo a la tierra. Dicen que es buen comienzo. También, según los que saben, dicen que al efectuar el movimiento del swing (péndulo) se mueven y coordinan 124 músculos, de un total de 424.  Los chicos, que no se cuestionan demasiado lo de los músculos todavía, prueban una y otra vez, Mariano, de 14; Gonzalo, de 10; Luciano de 9, Joaquín, de 4. Hay de todas las edades y algunos son tan altos como el palo de golf. Todos quieren mostrar lo que aprendieron en tan poco tiempo. Ninguno es conocido aún como Dylan Reales, el nene de 11 años que vive en la Villa 31 de Buenos Aires, que tiene handicap 25 y que ya fue tildado de "prodigio".
 Dylan fue paseado por varios programas de televisión empecinados en resaltar que los pobres "si quieren" también pueden. Los chicos de El Golfito, por ahora, dicen que sólo quieren probar con el golf porque les gustan los "palos brillosos", "es algo nuevo" y "muy distinto al fútbol".

Copa de leche.
Además de Daniel y Ricardo, entrenan Luis Hermosín (hijo de Daniel) y Miguel Romero. Todos han sido caddies del Rosario Golf o del Jockey Club. La mujer de Daniel, Hilda Fernández, es parte del equipo. Les cocina a los chicos en su propia casa. A veces una hamburguesa o una merienda. Lo que se consigue.
"Los entrenamos  y queremos que estén bien alimentados. No es fácil siquiera hidratarlos, estamos en este campito y cuando los chicos piden agua en el barrio de enfrente no los miran con buenos ojos", dijo Hermosín.
Cuando uno recorre las crónicas periodísticas que hacen eje en el barrio Stella Maris se encuentra, en su mayoría, con malas noticias. Hechos policiales, desnutrición infantil (una ONG´s decidió  trabajar allí) o la decisión de los choferes de las líneas del transporte urbano de pasajeros de no entrar al barrio por los reiterados hechos de inseguridad. El Golfito es una buena.
 "Nosotros ponemos lo que sabemos, el golf, pero no podemos mucho más. Nos quisieron prestar un lugar en un club de golf sobre la ruta 18, pero ¿cómo llevamos a los chicos si no tenemos transporte? Necesitamos sponsors", dijo Hermosín con algo de pudor. A lo que Ricardo Valdez agregó: "Sería bueno que como en otros países, haya campos municipales. Este es un hermoso deporte, de caballeros, de respeto, que lo puede jugar el flaco, el gordo, el joven y el viejo. ¿Por qué entonces no lo podrían jugar los chicos que no tienen dinero? Apostamos a armar un semillero y a que salgan buenos jugadores de nuestro barrio", resaltó.
Y mientras reflexionaba, Valdez miraba a los chicos y se explayaba con la idea. "¿Ves? Si estos chicos fueran socios de algún club, las pelotitas se las irían a buscar otros chicos como ellos que trabajan de caddies. Acá todos les pegan a las pelotitas y las buscan. No hay diferencias".

Se aceptan donaciones: palos, pelotas, remeras, gaseosas y cortadoras de césped

"Necesitamos bidones de agua o gaseosas y una cortadora de césped para dejar parejito el campo, más palos y pelotas y remeras a las que les podamos estampar el logo de El Golfito, para participar en torneos ", dijo Daniel Hermosín. Quienes quieran colaborar pueden llamar al 156-645414, de Daniel, o al 155-705902, de Ricardo Valdez. Hasta ahora los chicos de El Golfito cuentan sólo con 15 palos que se pasan de mano en mano.

Dos de los chicos que se lucen con sus golpes  ya asoman como jóvenes promesas del golf

"Mirá qué bien le pega, qué paciente es. Se toma su tiempo para mirar la pelota y ubicar el golpe", dice Ricardo Valdez, uno de los caddies, al referirse a Agustín Ferreyra, el nene de 8 años que viste  un guante blanco. Cerca de él también se muestra y luce Brian Monzón, de 13 años, que a pesar de calzar ojotas asienta bien los talones en el piso, al decir del entrenador. Brian mide el gesto: flexiona sutilmente las rodillas y marca con el cuerpo un péndulo.

De Vicenzo y Cabrera, dos grandes que se iniciaron como caddies

Cuando los caddies del barrio Stella Maris sostienen que los mejores jugadores de golf también ejercieron el oficio de caminar por horas llevando palos y pelotas ajenas, no dejan de mencionar a dos, entre tantos. Roberto De Vicenzo es uno de ellos. Nació el 14 de abril de 1923. Se crió en Villa Pueyrredón. A los 8 años se inició como caddie en un club de la zona y en 1933 jugó su primer torneo de golf. En 1980 la Fundación Konex le otorgó el premio Konex de platino como el mejor golfista de la historia en la Argentina. En el año 1999 fue considerado como uno de los 5 más grandes deportistas de la historia argentina junto a Fangio, Maradona,  Monzón y  Vilas por el Círculo de Periodistas Deportivos Argentinos. El otro es el Pato Angel Cabrera. Nació el 12 de septiembre de 1969 en Villa Allende, donde comenzó a trabajar como caddie en el Córdoba Golf Club.  En 2007 sorprendió al mundo al llevarse uno de los cuatro majors del año, el US Open, y el 12 de abril del 2009 se convirtió en el primer golfista latinoamericano en ganar el Masters de Augusta.

"Somos más que un camioncito eléctrico"

"Un caddie es más que alguien que lleva palos y pelotas durante horas (una vuelta de 18 hoyos puede implicar más de cuatro horas de trabajo). Un caddie es un psicólogo, un amigo, es alquien que apoya al jugador o a los jugadores de toda una familia: abuelo, padre, hijos. A mí los socios me han contado los problemas con su mujer o con su trabajo más de una vez, o me han pedido que le recuerde la hora de tomar una medicación. Somos más que un camioncito eléctrico", dijo Ricardo Valdez, de 31 años y caddie desde que tenía 10. El rescata su labor y también la buena relación con algunos socios a los que llama "patrones".
"En una época se hacía el torneo Patrón y Caddie y ellos nos solventaban los gastos si no no podíamos competir. Muchos pudimos hacer este deporte gracias a ese apoyo", rescató Valdez. El barrio Stella Maris concentró a varios hombres del oficio, por eso muchos en la zona se refieren a este humilde vecindario como "el barrio de los caddies". También se concentraron allí jardineros y parqueros, hombres que por años trabajaron para los vecinos de Fisherton. Este dato se puso en evidencia el año pasado cuando el secretario general del municipio, Jorge Elder, anunció la capacitación en oficios en el barrio al reconocer que es una franja etaria a la que no llegan totalmente las políticas públicas. "Acá se da la tercera generación de jardineros en este barrio", dijo el funcionario.

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