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El genio del flamenco frotó la lámpara en El Círculo

Paco de Lucía y su septeto actuaron en un teatro El Círculo repleto. El músico andaluz desparramó vitruosismo y pasión gitana. Muchos aplausos ¡Y olé!.

Sábado 16 de Noviembre de 2013

Cuando Paco está solo sobre el escenario es más Paco de Lucía que nunca. Es decir, es el gigante de un género que cruzó la frontera del gueto y recorrió el mundo; las manos divinas y virtuosas del flamenco. En cambio, cuando se sienta en ronda de músicos, cantaores y bailaores, Paco es Paco. O mejor: es uno más del semicírculo trazado en improvisado tablao y, al mismo tiempo, es el alma de la fiesta. Mientras, los hombres de Paco, uno por uno, tendrán su oportunidad de lucimiento personal.

   En su recital en Rosario, Paco de Lucía arrancó a solas con su guitarra, bajo las luces tenues, humeantes y de tono violeta. Como pared de fondo, un tapial verde formado por una veintena de palmitos de dos metros de alto. Paco calentó motores con la rondeña “Mi niño el curro”. Doce minutos para volver a creer en el espíritu mutante de Andalucía, en el prodigio de su voz. Aquí Paco se florea con la guitarra flamenca y la eleva al estatus de instrumento de concierto. Sí, Paco mantiene el toque intacto. Suena genial; llena los silencios del colmado teatro con escabrosas variaciones sobre el tema melódico de la pieza que creó en 1987 para el disco “Siroco”.

   Paco siguió el show con “Antonia”, una bulería dedicada a su hija. Lentamente, la pasión gitana empezó a sumarse al escenario. El par de cantaores de voz quebrada y aguardentosa, otro que batía palmas —el mismo Ferruco que luego se destacaría en el baile— y el cajón andaluz. Así, se sucedieron un par de temas entremezclados —”El tesorillo”, “Callejón del muro”, “El palenque”— con un Paco, poeta de la guitarra a base de caricias y filosos punteos, y también otro Paco con guitarra de acompañamiento a los cantaores.

   Recién en “Canción de amor” & “Volar” Paco estuvo acompañado por su septeto a pleno. El Piraña en percusión, el guitarrista Antonio Sánchez, el espíritu de Camarón de la Isla en las voces de Rubio de Pruna y David de Jacoba, el cubano Alain Pérez en el bajo de seis cuerdas, el tecladista Antonio Serrano que se destacó más en la armónica, una innovación de Paco en los últimos años, como para confirmar que el flamenco y el blues están hechos de maderas parecidas. Y el Farru —tan parecido al Orlando Bloom de “Piratas del Caribe” y miembro de una de las dinastías del baile flamenco más importante de España— que hasta los minutos finales de la bulería “Volar” permanecía tranquilito en su silla batiendo palmas y haciendo coros, de pronto se levantó abruptamente de su asiento y aterrizó en el tablao, en el centro mismo de la escena, con un frenético baile y taconeo que dejó con las manos moradas al público. Mientras, Paco aprobaba desde atrás con una media sonrisa y disfrutando del segundo plano, dejando que el joven se cubra de gloria por un momento. Está escrito, Paco es Paco, el alma de la fiesta, aunque permanezca sentadito, acompañando al Farru-Bloom golpeando sus tacones a propulsión adelante suyo y dejando al público, otra vez, boquiabierto.

Cerca de la despedida. La rumba “Entre dos aguas”, después del bello tango “Cositas buenas”, fue el tema más extendido de la noche. El original, de inicio de los 70, hizo que el flamenco instrumental reventara las listas de éxitos del momento. Aquí, cada uno hizo su solo. Se destacaron Serrano en la armónica (el pequeño instrumento suena extrañamente dulce en el apasionado flamenco) y el Rubio en el cante, vástago en la Tierra del espíritu del mismísimo Camarón.

Otra vez, el Ferru saltó al tablao, esta vez con una camisa colorada y el pelo mojado y con coleta. En medio del tema, Paco se enfrentó en un reto con la guitarra de su sobrino Antonio Sánchez. Ultima media sonrisa de Paco, presentación de cada uno de los suyos y casi despedida.

   En el único bis de la noche asomaron los acordes de “Río ancho”, a pedido de una abuela muy bien informada de la segunda fila. Ultimas delicias del guitarrista nacido en Algeciras, el renovador máximo del flamenco, entre gritos de ¡olé! y largos aplausos, y rodeado, como en toda la noche, por los hombres de Paco, que es como decir “un grupo que roza la excelencia”.

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