Martes 29 de Diciembre de 2015
He leído la nota "destacada" de Gabriel Campero, el 26 de diciembre, la que me ha parecido de impecable factura y cuya inspiración cristiana comparto absolutamente, su proyección docente es impecable. Por ello, adhiero a la concientización individual que propone y que a la postre instalará el sostén de una nueva era. Recuperar el concepto de la vida e instalarlo en la internalidad es una propuesta ejemplar. Ahora bien, yo me permitiría agregar a estas excelentes categorías morales, algunas otras, impetrando a quienes deben emprender la tarea en remarcar el sendero del equilibrio social. Los dirigiría hacia aquellos que han sido elegidos para pilotear los destinos del país, tarea no menos importante. A ellos les deposito sobre sus hombros el mayor peso de las responsabilidades en trance. Los elegidos de hoy disponen la gran oportunidad histórica en tiempos donde lo proceloso fue impuesto con desorden y enormes riesgos de desintegración social. El tejido de una sociedad se construye en orden, con respeto y buena voluntad. Esto es lo que faltó durante muchos años y nos instalaron al borde de un abismo en forma casi irrecuperable. Pero ahí comenzó a funcionar el sistema inmunológico de los anticuerpos, y ello permitió que la sociedad recuperara su potencia decisiva, y ahora comienza otra era sociopolítica para los argentinos allende los partidismos y sectarismos estériles. Entre los compatriotas debemos hacer el esfuerzo de reconocernos entre nosotros y con denuedo esmerarnos para acercarnos, para encontrarnos. Necesidad impostergable. Tendremos enérgicamente que negarnos a lo contrario. La lucha para exterminar al narcotráfico será muy ardua e infatigable, y habrá que apelar a la inteligencia; el esfuerzo por bajar los niveles de pobreza, desnutrición y ahondar profundamente en la educación y sustancialmente la condena a la brutal corrupción que nos ha invadido en todos los niveles de la vida de los argentinos. No solamente en lo político que, obviamente, no es permisible, sino en todos los planos humanos de convivencia. Para ello, es absolutamente impostergable la imposición de una Justicia independiente, y como alguna vez fue dicho, los hombres son buenos pero si se los controla son mejores; habrá que imponer algún sistema de controles para que los magistrados actúen con mayor celeridad en sus resoluciones, lo cual sería mucho más saludable pues la Justicia tardía deja de ser Justicia. Por todo ello, lo manifestado por el autor de la carta que ha sido el soporte de la presente, más las reflexiones agregadas, ambas, deberían ser los paradigmas para los nuevos tiempos que se avecinan, y entonces podremos recuperar los sueños de vivir en una patria grande que todos apetecemos y bien nos la merecemos.
Héctor Malvar
N de la R. En la carta a la que se refiere el autor se destacaban los valores de las personas y la vocación de servicio.