Miércoles 16 de Diciembre de 2009
Cuando Baldassi dio el silbatazo final en el partido ante San Lorenzo de Almagro, lo primero que sentí fue tristeza. Pero a medida que pasaban los minutos, mire a mi alrededor y el sentimiento fue mutando hacia un profundo orgullo como hincha de Newell’s. Orgulloso de la hinchada que alienta en las buenas y en las malas. Orgulloso de los jugadores, como por ejemplo Sebastián Peratta, el arquero que defiende a Newell’s adentro y afuera de la cancha. Orgulloso del amor por la camiseta de Formica. Orgulloso de que el equipo llego adonde llegó a través del juego limpio, a pesar de que Banfield nos ganó con un penal inexistente, a pesar de que Boca nos empato con un gol con una mano, a pesar de Lunati. Ahora el equipo va por la obsesión de todos los hinchas, Copa Libertadores de América. Quizás con dirigentes con más experiencia, el campeonato hubiera sido nuestro, pero ¿qué importa? El domingo en el Coloso, la mayoría de los hinchas tenían menos de 25 años, está más que claro: el futuro es nuestro.
Sebastián Repetto