Domingo 13 de Septiembre de 2009
Estanislao y Nicolás mantenían una rutina de hábitos que compartían en su historia. Fueron al mismo colegio (el complejo Brigadier Estanislao López) jugaban al fútbol en el mismo club y se turnaban para trabajar en la lencería Danielito, el negocio familiar en la galería Rosario. Los dos chicos solían estar allí por las tardes aunque era Nicolás el que tenía un rol más activo.
La muerte del padre, ocurrida hace diez años, había afectado profundamente a Estanislao. Ese dolor era expresado por el joven a menudo y aunque nunca se había traducido en episodios de violencia sí le acarreaba depresiones. Sus allegados y amigos, definieron a Lalo como un chico sensible y cariñoso. Hasta Heros Kontides, el hijo del hombre asesinado por el muchacho, contó ayer que los hermanos eran personas muy educadas y atentas.
Viviana Bearzotti también sufrió el cimbronazo de la muerte de su esposo. Poco después de este trance se inclinó a profesar un culto evangélico. Su orientación religiosa, según contaron algunos de sus conocidos, la había llevado a tomar posiciones abruptas: solía hacer distinciones tajantes entre “el bien y el mal”, entre “el pecado y la virtud” o entre lo que pertenecía “al mundo de Dios” y al “campo del demonio”. En la galería Rosario, donde trabajaba, las opiniones hacia ella no son unánimes. Reúne aprecio pero también se la considera “de actitudes algo extrañas”.
El fútbol. Lalo era muy valorado en el Rosario Rowing Club por sus condiciones como futbolista. Pesaba diez kilos menos que su hermano, que era arquero del equipo de fútbol de salón, pero se destacaba por su físico fibroso y por la habilidad que desplegaba con la pelota.
Ambos eran hijos del segundo matrimonio del padre, con Viviana Bearzotti. El había tenido un hijo con su primera esposa. Esta mujer, una abogada del foro local, al tomar conocimiento de lo ocurrido se acercó a los investigadores para colaborar.
El medio hermano de Lalo y Nicolás, con los que existió siempre buena relación, estuvo en estos días próximo al más chico. Lo acompañó en estos días tanto en el Hospital Clemente Alvarez como en el Neuropsiquiátrico Agudo Avila.