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El ex entrenador de Barcelona Tito Vilanova murió tras luchar contra un cáncer

Barcelona amaneció gris. Plomiza. Extraña. Por la mañana los turistas caminaban temerosos mirando el cielo. Un cielo demasiado enigmático. Un cielo donde el sol era cubierto por nubes que emanaban tristeza.

Sábado 26 de Abril de 2014

Barcelona amaneció gris. Plomiza. Extraña. Por la mañana los turistas caminaban temerosos mirando el cielo. Un cielo demasiado enigmático. Un cielo donde el sol era cubierto por nubes que emanaban tristeza. Hasta que sobre las 18 comenzó a llover. No fue un aguacero. Fue una lluvia que empezó a caer tímidamente. Suavemente. Como si no quisiera hacer daño. Como si quisiera decir algo. Sobre esa misma hora, el Fútbol Club Barcelona anunciaba oficialmente la muerte de su ex entrenador Francesc Tito Vilanova a los 45 años, víctima de un cáncer en la glándula parótida detectado en 2011. Sí, la noticia que se esperaba en las últimas horas pero que nadie quería oír, finalmente se concretó: Tito murió. Tras dos años de lucha ese hombre simple y de valores, nacido en un pueblo de Catalunya, y con un gran conocimiento táctico sobre el fútbol, se marchó. Ese hombre que ayudó a Pep Guardiola a hacer de Barcelona el mejor equipo del mundo, ese entrenador que hizo posible la inolvidable Liga de los 100 puntos dijo adiós. Y la ciudad se puso triste. Y esa tristeza se contagió por toda España. Y por los amantes del fútbol.

   Tito Vilanova llevaba una semana ingresado en la Clínica Quirón de Barcelona y el pasado jueves había sido operado de una obstrucción en el estómago. A partir de allí comenzaron a surgir las noticias sobre la gravedad de su estado de salud. Y ayer Barcelona anunciaba su muerte. Fue el final a dos años y medio de empezar la lucha desigual contra el cáncer. Una lucha que Vilanova siempre se encargó de desdramatizar. No quería herir a sus padres. Tampoco a sus hijos. Y por eso siempre repetía que “todo mejorará”. Con los valores que aprendió de chico en su pueblo de no más de 600 habitantes del interior de Catalunya, Tito nunca dejó de luchar. Y nunca dejó de ser humilde. Como cuando integraba el tanden mágico con Pep Guardiola, o como cuando le tocó dirigir a Barcelona y hacerlo campeón de Liga con 100 puntos. Con la misma garra. Y con el mismo sentido común con el que enfrentó la vida. Ayer dijo adiós.

   Oscurece en Barcelona. Se hace de noche. La noticia por la muerte de Vilanova ya está en todo el mundo. El cielo parece más tranquilo. No desprende ese halo de tristeza. La tristeza ahora está en las calles. En los bares no se habla de otra cosa. Los televisores difunden su imagen una y otra vez. Las redes sociales se colapsan de mensajes de condolencias. El Camp Nou, vacío, ya sin turistas, parece sentir la pérdida y sus tribunas se tiñen de gris acoplándose a esa marea triste que descendió desde el cielo e invadió la ciudad Condal. Murió Vilanova. Un luchador. Un ejemplo. Un gran entrenador. Una parte importante en la gran historia de Barcelona. Y del fútbol. Murió Tito. Hay muchos motivos para estar triste. Adéu Tito.

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