"El Evengelio debe ser anunciado con dulzura, no a los bastonazos"
El Papa celebró misa ante 350 jerarcas religiosos, a quienes les insistió que los sacerdotes deben "acercarse a las periferias".

Sábado 04 de Enero de 2014

El Papa Francisco pidió ayer a los sacerdotes que anuncien el Evangelio "con dulzura, no a los bastonazos", que abandonen las comodidades y se sumerjan en el mundo de los desposeídos, que formen a los nuevos religiosos con cuidado y esmero porque si no "pueden convertirse en pequeños monstruos", y en ese marco, insistió en que los novicios no deben ver a la religión como un refugio de la vida terrenal.

El pontífice argentino celebró ayer una misa ante unos 350 jerarcas religiosos en la iglesia del Jesús de Roma con motivo de la próxima canonización del beato francés Pedro Fabro (1506-1546), uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa de la que proviene Jorge Mario Bergoglio.

"Pienso en la tentación, que quizás podemos tener nosotros y que tantos tienden a enlazar el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisitorios, de condena. No, el Evangelio se anuncia dulcemente, con fraternidad, con amor para llegar a las periferias del mundo", resaltó Bergoglio.

El pontífice también habló de los deberes de la Iglesia: "Nosotros somos hombres en tensión, hombres contradictorios e incoherentes, pecadores. Todos. Pero queremos militar bajo el signo de la cruz de la compañía que lleva el nombre de Jesús", aseguró.

En ese marco, el Papa recomendó a los sacerdotes que abandonen la comodidad y se mezclen con los marginados de la sociedad, puesto que de lo contrario se arriesgan a convertirse en "ideólogos abstractos". Los curas tienen que tener "un contacto real con los pobres" y los marginados.

"Es realmente muy importante para mí: la necesidad de familiarizarse con la realidad a través de la experiencia, pasar tiempo caminando por la periferia, con el fin de realmente acercarse a la realidad y a las experiencias vitales de la gente", les dijo.

En su homilía pidió a los jesuitas que "no se centren en sí mismos" y que como lo hizo el sacerdote Pierre Favre, nunca pierdan "el deseo de cambiar al mundo".

Desde que fue elegido en 2013 como primer Papa no europeo en 1.300 años, Francisco ha instado a sacerdotes, monjas y obispos a pensar menos en sus carreras en la Iglesia y escuchar más las necesidades de los católicos de a pie, especialmente los pobres.

Previo a la misa, el Papa se reunió con los miembros de la Unión de Superiores Generales, quienes transmitirán los deseos del pontífice directamente a los sacerdotes en sus órdenes religiosas en todo el mundo.

 

Advertencia. En su reunión con los líderes religiosos, afirmó que los hombres no deberían entrar en el sacerdocio para buscar una vida cómoda o ascender en el escalafón clerical. "El fantasma con el que luchar es la imagen de la vida religiosa entendida como un escape o un lugar donde resguardarse de las dificultades terrenales y el mundo complejo", les dijo.

Francisco ha dicho en varias ocasiones que cree que el Vaticano necesita un cambio y que está demasiado centrado en sí mismo.

Un comité de ocho cardenales de todo el mundo designados por él aconsejará cómo reformar la administración del Vaticano, conocida como la Curia, en un informe que se espera para febrero.

En su homilía pidió a los jesuitas que "no se centren en sí mismos" y que como lo hizo el sacerdote Pierre Favre, nunca pierdan "el deseo de cambiar al mundo".

El 17 de diciembre pasado, cuando cumplió 77 años, Francisco, el primer papa jesuita en la historia de la Iglesia católica, había declarado santo a este sacerdote, originario de Saboya y amigo de Ignacio de Loyola, durante un procedimiento acelerado, sin que fuera necesaria una ceremonia de canonización.

Jorge Mario Bergoglio celebró la misa en presencia entre otros del prefecto de la Congregación de las causas de los santos, el cardenal Angelo Amato, del obispo de Annecy (Saboya, Francia), monseñor Yves Boiniveau, y de 350 miembros de la Compañía de Jesús.

El Papa argentino quería que este religioso, que había permanecido a la sombra de sus célebres contemporáneos jesuitas, los Santos Ignacio y Francisco Javier, fuese proclamado santo.