Edición Impresa

El espíritu preciso de la Sinfónica de Bucarest

El encuentro de música clásica que se desarrolla en el marco de los veinte años del CCPE tiene entrada gratuita. El ciclo está centrado en obras de compositores españoles.

Sábado 02 de Noviembre de 2013

Con la seguridad del deber cumplido la asociación cultural El Círculo cerró su temporada 2013, año en que reunió una gran cantidad de propuestas musicales. El cierre estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Bucarest y su director el francés Benoit Fromanger, un músico, que transmite amabilidad, calidez y simpatía en su trato con la orquesta y esta le obedece ciegamente. Fromanger consigue un sonido limpio y fraseo claro en los distintos grupos de instrumentos, y tal vez este sea una de los puntos fuertes de esta formación.

El programa de la noche se inició con "Carnaval", opus 92, de Antonin Dvorak, que es en realidad un pequeño poema sinfónico. Los distintos climas musicales de la obra fueron tratados con cuidado equilibrio, sin desbordes y con el toque exacto de tristeza eslava en el tema elegíaco central a cargo de las cuerdas y maderas.

Luego llegó el turno del "Concierto para violín y orquesta, en Re Mayor", opus 35, de Peter I. Tchaikovsky una de las obras emblemáticas de este gran compositor. Para ello acompañó a la orquesta Erik Schumann un joven violinista que en sus genes tiene la rara mezcla de las culturas japonesa, rumana y alemana. Es alumno del gran maestro Zakhar Bron, pero también en su formación influyeron Pinchas Zukerman y Shlomo Mintz. Ademas de técnica excelente el violinista puso pasión, entrega y emoción en su interpretación.

La extensa cadenza del primer movimiento, verdadera piedra de toque de la obra, fue resuelta con solvencia y seguridad en las dobles cuerdas, glisandi, trinos y saltos bruscos, entre otras dificultades que el compositor pide del interprete. Sin embargo fue en el arrebatador Allegro vivacisimo del final, donde la rendición de Schumann resultó perfecta.

sonora ovación. La Sinfónica de Bucarest acompañó al solista con un sonido pleno y fluido, en el diálogo a veces inquieto y potente, otras suave y poético que le reserva el compositor. El público premió con una sonora ovación que obligó al solista a un exquisito bis: una de las partitas de J.S. Bach para violín solo.

El programa cerró con la archiconocida Sinfonía Nº 9 "Del Nuevo Mundo", en mi menor, opus 95, de Antonin Dvorak, una obra muy transitada del repertorio. Pero la Orquesta Sinfónica de Bucarest salió airosa de las comparaciones.

La batuta del Maestro Benoit Fromager, precisa y pasional, consiguió el máximo rendimiento de su formación y explotó el sonido de la agrupación tanto en la textura y el color como la dinámica.

El sonido de los violines fue parejo y muy expresivo desde el adagio inicial. El director pintó el segundo movimiento de un tinte melancólico visceral, como la añoranza de una patria ida, dibujando con lento preciosismo las melodías de Dvorak. El famoso solo del corno inglés fue perfecto y evocador.

El tercer movimiento, el "Scherzo", estalló con la alegría de la danza, arrebatadora, enérgica mientras los timbales marcaron el tiempo de baile.

La monumental estructura del movimiento final quedó expuesta magníficamente por el maestro Fromanger, con musicalidad, volumen adecuado y espíritu preciso.

Escuchar la sinfonía del Nuevo Mundo tiene sus riesgos, uno de ellos puede ser la rutina o las interpretaciones de compromiso que tanto abundan, sin embargo la Sinfónica de Bucarest reveló toda las rica gama sonora y emocional que encierra esta obra, y fue una caricia para oídos vírgenes.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS