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El enfriamiento de Brasil complica el escenario local

La devaluación del real y la contracción de la economía brasileña repercutirán en Argentina. La industria automotriz, la más afectada.

Domingo 19 de Abril de 2015

El factor Brasil agrega incertidumbre al escenario económico local en el corto y el mediano plazo, tanto por la devaluación decidida por el gobierno de Dilma Russeff como por la retracción registrada por su economía desde hace más de un año.

Los vaivenes económicos de la principal potencia de la región impactan de primera mano a nivel local, ya que se trata del principal socio comercial del país al ser el receptor del 20% del volumen total de las exportaciones.

“En la actualidad Brasil impacta negativamente no sólo con su estancamiento, sino que ahora hay que sumarle los potenciales efectos negativos de la devaluación del real sobre nuestra macroeconomía. Y esta situación se torna más grave en la medida que nuestro gobierno intensifique el uso del dólar cuasi fijo como ancla anti inflacionaria para preservar la estabilidad financiera hasta fin de 2015”, afirma uno de los últimos informes de la consultora Economía y Regiones.

En ese escenario más bien oscuro el sector industrial argentino, con el automotriz a la cabeza, es el más afectado potencialmente. “Si a Brasil le va bien, a toda nuestra economía le va mejor, y en especial al sector industrial. Por el contrario, cuando Brasil no crece, nuestra macroeconomía siente su impacto negativo”, agrega el trabajo.

Devaluación. Desde Economía & Regiones destacaron que la situación cambiaria bilateral entre los dos países “es más delicada” para Argentina en la actualidad que en 1999, cuando en el país regía la Convertibilidad y los vecinos abandonaron el plan Real para dejar flotar su moneda.

“Esto sucede porque la apreciación de nuestro tipo de cambio bilateral contra Brasil está alimentada no sólo por la devaluación del real contra el dólar como en 1999, sino que está potenciada por la apreciación real de nuestro peso contra el dólar, lo contrario a 1999”, detalla el informe.

En ese escenario, la devaluación de Brasil combinada con la alta inflación argentina dinamitan todavía más el tipo de cambio bilateral, que afecta sobre todo la rentabilidad de los sectores que más comercian con ese país, tanto los “mercadointernistas” como los exportadores. Según el trabajo, en los últimos siete meses la devaluación nominal promedio mensual (+0.75) del tipo de cambio oficial fue menos de la mitad de la inflación minorista (2 por ciento) del IPC Congreso, lo que implicó que el tipo de cambio real (peso contra el dólar) se apreciara 8,8 por ciento en el mismo período.

Paralelamente, en el mismo período la devaluación nominal del real Brasilero multiplicó por más de 8 veces el avance de los precios, permitiendo que el tipo de cambio real contra el dólar se depreciara un 30%.

“En pocas palabras, en los últimos siete meses la devaluación real del Real brasilero más que triplicó la apreciación del peso argentino contra el dólar, generando una apreciación de nuestro tipo de cambio bilateral contra Brasil del 39%”.

Esto genera una situación “peor que la de 1999” según la consultora, porque la apreciación del tipo de cambio bilateral está alimentada no sólo por la devaluación del Real contra el dólar como en ese año, “sino que está potenciada por la apreciación real del tipo de cambio argentino, lo contrario a lo que pasaba en 1999, “que avanza sostenidamente porque la inflación mensual más que duplica la devaluación nominal”.

Esta circunstancia permanecería inalterada hasta fin de año, ya que desde E&R estimaron que el plan del gobierno argentino es seguir manteniendo el dólar cuasi fijo hasta fin de mandato. “De conseguir este objetivo, la devaluación del peso frente al dólar oficial ascendería en torno a un 15% anual, mientras que la inflación se ubicaría alrededor del 30% anual”.

Industria en problemas. La industria, y el sector automotor en particular, son los más afectados por esta situación, ya que cuando el nivel de actividad en el sector se reduce, “la capacidad ociosa emerge y el empleo industrial cae”, afirma el reporte.

En los últimos 4 años, la tasa de crecimiento del producto brasilero promedia tan sólo el 1 por ciento. “Sin embargo, su situación empeora año tras año y en la actualidad se encuentra estancada”, ya que la tasa de crecimiento habría sido de 0,1 por ciento en 2014, con una proyección de 0,6 por ciento para este año.

La investigación destaca en ese sentido que en ese lapso se verificó que el nivel de actividad de la industria en general y de la industria automotriz en particular cayó durante los últimos años de la mano de la “anemia” económica de Brasil.

A mediano y largo plazo, esa anemia implica un desafío mayor para Argentina que los actuales problemas cambiarios. Brasil, de no encarar profundos cambios estructurales, crecerá muy poco durante los próximos cuatro años, por lo que “no podrá ser el motor que tracciona nuestro comercio exterior en general y las exportaciones industriales y automotrices en particular”.

Paso lento. En el plano de los factores externos, el documento subraya que existen varios elementos que indican que Brasil crecerá poco tanto este año como en el futuro cercano.

“Luego de cuatro años de crecimiento bajo e inflación elevada, las perspectivas continúan sin ser alentadoras para Brasil. De hecho, la tasa de crecimiento del PBI y del PBI per cápita de Brasil languidece. Es decir, el consenso de mercado es que Brasil crecerá poco durante los próximos años”, explica el documento.

En líneas generales, existen varios factores que llevan a pensar que Brasil padecerá un bajo crecimiento tanto este año como en un futuro mediato.

En primer lugar, en 2015 y 2016 el nivel de actividad de Brasil se vería influenciado por las crisis en la petrolera estatal Petrobras y la actual escasez de agua y electricidad.

Más estructuralmente, hay que tener en claro que Brasil tiene una tasa de ahorro doméstico (15 por ciento del PBI) muy baja; por lo que, con escasos niveles de inversión extranjera directa (IED), “está condenado a tener bajos niveles de inversión” (17 por ciento del PBI) y por ende, una baja tasa de crecimiento del PBI potencial (+2.8 por ciento).

Justamente, se espera un frente externo menos favorable que le pondrá un techo bajo para las necesidades de Brasil a la IED”, subraya el informe.

A partir de eso, la consultora imagina un escenario con Brasil creciendo a un ritmo bajo durante los próximos años.

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