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El empate rojinegro, una puesta con algunos vicios ocultos

Newell’s igualó sin goles con Belgrano, mereció más pero mostró llamativas imprecisiones, sobre todo en el primer tiempo. Un punto a trabajar.

Lunes 19 de Agosto de 2013

Si lo mejor de Newell's se ve con la pelota, como dijo el tecnico Berti en la semana, queda claro que ayer el conjunto rojinegro mostró una faceta con llamativos contrastes. Es que durante alguna parte del partido las imprecisiones dominaron la escena y se observó un tinte extraño, bastante desconocido en el Parque y que se produjo porque algunos intérpretes no tuvieron una tarde de inspiración. Sobre todo en el primer tiempo, etapa en la que el local no estuvo fino, repitió errores en la salida y le regaló muchas opciones a su rival. Belgrano no las supo aprovechar y por eso no sacó diferencias en esa etapa. Y después, en el segundo tiempo, el equipo leproso encontró la esencia de su libreto, apretó clavijas, se adueñó de la pelota y las acciones, y allí sólo falló en la estocada final para poder alcanzar un premio mayor que mereció, pero que no logra disimular algunos desajustes atrás. El cero compartido en el Coloso deja a Ñuls con sensaciones encontradas, con un punto en el bolsillo y algunos interrogantes por resolver. Nada para preocuparse. Por ahora.

Entre las inquietudes que dejó este pleito están cuestiones que deberá ir solucionando el Loco Berti, para tratar de esconder algunas debilidades y para potenciar las fortalezas que sigue teniendo este equipo. Un punto a resolver será si esta propuesta de salir jugando desde abajo no expone a veces demasiado a algunos jugadores, que se ven superados por las circunstancias de apremio del juego (entiéndase presión del rival) cuando no consigue serenidad y sintonía fina en sus movimientos.

En ese grupo ayer estuvieron el pibe Ortiz, Víctor López y Mateo. Ellos conformaron un triángulo que otorgó licencias, sobre todo en los 45’ iniciales y que se transformaron en contras peligrosas de Belgrano. Y que no terminaron en goles en contra por la impericia que exhibió la visita.

En esa etapa, Newell’s ofrecía dos caras. Cuando atacaba, lastimaba con juego asociado, las trepadas de Casco y con la inteligencia de Bernardi para encontrar huecos. Pero en el fondo desnudaba grietas y dudas.

En la cancha se notó a un Newell’s incómodo cuando no encontraba claridad en la fase de iniciación de juego. Y ante esa falta de luz, no pudo conseguir caminos alternativos confiables.

En el complemento, el equipo rojinegro se acercó más a sus naturales pretensiones. Se hizo dueño de la pelota, creó las acciones de mayor peligro y controló a su rival. De la mano de Maxi Rodríguez, algunas pinceladas de Bernardi y las subidas de Cáceres y Casco, creó riesgo cerca del arco de Olave y estuvo cerca de marcar.

El debut de Berti en el Coloso le tiene que servir a Newell’s para sincerar algunas cuentas pendientes en su interior. Es uno de los desafíos de este ciclo que está empezando a caminar. El elogiable valor de la apuesta colectiva sigue asomando como un manto que puede cobijar estos ajustes, sin efectos traumáticos. Por ahora.

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