El ejercicio del perdón
En la última semana del mes de octubre viví una experiencia que nunca me hubiese imaginado: no se me renovó un reemplazo por negarme a rezar el Santo Rosario en una escuela particular incorporada...

Martes 04 de Noviembre de 2014

En la última semana del mes de octubre viví una experiencia que nunca me hubiese imaginado: no se me renovó un reemplazo por negarme a rezar el Santo Rosario en una escuela particular incorporada de la Provincia de Santa Fe de corte católico. La historia es ésta: en el mes de marzo del corriente año fui convocada por la directora de dicha institución para formar parte de la planta docente con un reemplazo de larga duración. Conociendo el carácter católico de la misma, aclaré, para evitar inconvenientes, que no era una persona creyente ni practicante de dicho credo, a lo que la directora respondió que no había problemas y solo me pedía que no hablase mal de la Iglesia frente al alumnado. Compromiso que nunca rompí. Durante el transcurso del año participé, por respeto a la institución, de diferentes actividades relacionadas a la práctica de dicha fe (retiros espirituales, misas, viajes de estudios, etcétera), al extremo que mis compañeras me decían en tono burlesco “te vamos a convertir”. En este mes no pude asistir a un evento extracurricular por lo que la directora dio dos opciones para compensar la ausencia: participar del rezo del Santo Rosario o el descuento de un día de trabajo. Mi reacción ante la imposición de rezar fue de gran sorpresa ya que cuando quise dar mis razones, ella solo repetía que no olvidase que trabajaba en una escuela católica, a lo que yo le replicaba que ella sabía que no era creyente. Fue tal mi indignación que expresé mi deseo de hacer una denuncia por discriminación, pero qué pruebas tenía yo, era su palabra contra la mía. Por dicha razón su sanción se profundizó no renovándome el reemplazo. Su argumento fue que le había faltado el respeto con mi actitud. A pesar de que me había sentido injuriada le pedí disculpas por mi reacción. Lo que me lleva a preguntarme: ¿el ejercicio del perdón no te libera? ¿No es practicar una doble moral exigirle a quien no cree pronunciar el nombre de Dios en vano? “Comprensión y respeto, eso es lo importante para convivir con los demás, y sobre todo, ¿sabes qué?, no creer que uno es mejor que nadie”, le dice Miguelito a su amiga Mafalda. Pero al final primó su orgullo como directora sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje que juntos a los alumnos habíamos construido en cada clase, además de la participación en las Olimpíadas Santafesinas y la colaboración con el Programa Vuelvo a Estudiar que difunde el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe. Contradiciendo los cambios ideológicos del actual Papa, se me cerraron las puertas y se censuró un punto de vista diferente.

Irene Dosztal / Profesora y licenciada en antropología