Miércoles 10 de Abril de 2013
La Plata tuvo que sucumbir bajo un impresionante manto de agua para que la pasión vuelva a fusionarse sin producir daños colaterales. La inundación que padeció el pago de las diagonales encontró de manera espontánea un hombro en la sociedad nacional. Y tuvo eco en la bipolaridad que separa a la ciudadanía. Porque Gimnasia y Estudiantes dejaron de lado sus antipatías y comprendieron que debían acoplarse para fomentar la unión de la cuidad sin distinción de colores. El gesto de grandeza fue de los socios, hinchas, dirigentes y deportistas de varias disciplinas que representan al Lobo y al León. Entre todos dieron una cabal muestra de que cuando se quiere, se puede. En cambio, en Rosario la realidad pinta que el odio que vienen demostrando tenerse los de Central y Newell’s no hacen más que aislar a la que fue en algún momento la capital del fútbol argento. Quedó ratificado en el último amistoso que debían disputar en Arroyito. El deseo utópico general es desdramatizar las diferencias que separan a ambos clubes para que los rosarinos puedan enorgullecerse de verdad con ellos. Claro que hasta el momento parece no haber mucha intención. Lo ideal sería que todos recapaciten y no deban aliarse canallas y leprosos porque una catástrofe natural los golpee. Ya lo demostraron los platenses. Cuando se quiere, se puede.