Viernes 30 de Octubre de 2009
El pasado domingo vi llegar a 200 jóvenes eufóricos, entre los que se encontraba un familiar mío, luego de haber vivido ocho días en medio de una pobreza extrema. Regresaban de "El impenetrable" (Chaco) con una gran experiencia de vida que los marcará para siempre. Estos chicos sintieron en carne propia la miseria pues se manejaron con lo mínimo. Sabían donde iban y lo que les esperaba: falta de electricidad, de agua, comodidades y un calor agobiante; pero nada los detuvo. El único hospital de la zona tiene un sólo médico. Ellos visitaron casa por casa a tobas y habitantes de la villa haciendo una encuesta, tras lo cual realizarán un plan para presentárselo al gobierno con el objetivo de lograr una vida más digna. Esa gente los recibía felices y ofrecían lo único que tienen en cuentagotas: agua (allí es más valiosa que el oro) a temperatura ambiente (40º) como para tomar mate. Una familia mató para ellos los dos únicos chivitos que tenían. Otra, con la bolsa de harina que reciben por mes, les amasaron pan. Como éstas, tienen cientos de anécdotas más. Hay que destacar la perfecta organización llevada a cabo por el centro de estudiantes de las facultades de Medicina, Psicologia y Comunicación Social. Lo grandioso fue que en los días compartidos en ese medio tan paupérrimo no hubo la mínima discusión entre ellos. Todo los unía. Regresaron reflejando en sus rostros un corazón pleno de satisfacción, esa que no se consigue con la droga, ni el alcohol, ni con peleas absurdas, sino con la ayuda al prójimo. Dios los bendiga y continúen por ese camino.
Miryam Panvini, DNI 3.305.970