Sábado 02 de Julio de 2011
Escribió el periodista Angel García en la revista Geo: “Los holandeses decidieron que esa grave inundación ocurrida en la noche del 1º de febrero de 1953 sería la última que sufrirían a causa del gélido Mar del Norte. Por eso elaboraron el “proyecto delta”, que contemplaba el cerramiento de las bocas del estuario del río Rhin, próximas al mar y cerca de la frontera con Bélgica. El proyecto se puso en marcha años después, pero en la década del 70, los grupos ecologistas advirtieron al gobierno que la total obturación de las bocas del estuario, con la consiguiente eliminación de las corrientes marinas, tendría lamentables consecuencias para el medio ambiente en el delta del Rhin, el más desarrollado del mudo. El gobierno atendió la advertencia y los técnicos modificaron el proyecto que estaba en plena ejecución para adaptarlo a las necesidades del ecosistema, lo que demandó más tiempo, mayor esfuerzo y un sobrecosto de 800 millones de dólares. La realización de las obras constituyó una epopeya de la ingeniería hidráulica holandesa: cuatro diques, dos presas auxiliares, dos islas artificiales, dos compuertas en la presa de Holland Yssell; una barrera de hormigón de tres kilómetros con poderosas compuertas; tres canales controlados por enormes exclusas, y uno de los embalses más importantes de Europa, el de la presa de Haringvliet, conforman esa notable realización”. Yo quiero destacar el increíble complejo que desde 1986, proteje a los holandeses de ese antiguo hacedor de inundaciones devastadoras que era el Mar del Norte. Además, creo que conviene resaltar este ejemplo dado por los holandeses; esa demostración de como deben trabajar armoniosamente funcionarios, técnicos y ecologistas, para conciliar todos los intereses que hay en los grandes emprendimientos; sin arrogancias, humilde y criteriosamente, en suma, con inteligencia. Un buen espejo donde deberían mirarse los gobernantes argentinos para implementar verdaderas políticas de Estado. Nombrando a Holanda, casi instintivamente pensamos en sus viejos molinos de viento y en la melodía de Michel Legrand “Los molinos de tu pensamiento”, que giran con el viento de la esperanza; esa que en este tiempo de campañas electorales, no se resigna a los desencuentros políticos que son tan perniciosos.
Edgardo Urraco / (urracoweb@latinmail.com)