"El drama migratorio se debe resolver urgente, si no ganarán los racistas"
Agostino Sparato, periodista con décadas de experiencia, ex diputado del desaparecido PCI es especialista en los vínculos en el Mediterráneo, tema sobre el que ha publicado varios ensayos.

Lunes 14 de Septiembre de 2015

Agostino Spataro es italiano, siciliano. Antiguo diputado del desaparecido PCI y gran conocedor de los complejos vínculos de Italia con las naciones mediterráneas, Spataro está desde hace semanas en Budapest, la capital húngara, para documentar el fenómeno del flujo de inmigrantes que llega desde Medio Oriente. Autor de numerosos ensayos, es periodista desde hace dédadas y actualmente dirige el periódico Infomedi y un centro de estudios sobre el Mediterráneo en su ciudad, Agrigento. Desde Budapest accedió a esta entrevista con La Capital, que se hizo a través de e-mail.

—Usted se encuentra en Budapest, capital de uno de los países clave de la crisis. ¿Cómo están las cosas vistas desde ahí? El premier nacionalista Orbán parece dispuesto a cerrar las fronteras con el ejército.

—Como es sabido, Orbán ha "renunciado" al ministro de Defensa por su incapacidad y enviado algunas unidades militares a vigilar la forntera con Serbia, visto que el "muro" de alambre de púas de 175 km, no ha servido de mucho. El 15 de septiembre, con la entrada en vigor de la nueva ley inmigratoria, aprobada a las apuradas por el Parlamento húngaro, será proclamado el "estado de crisis" por motivos de orden público. Los inmigrantes "económicos" serán rechazados, mientras los refugiados serán registrados y controlados, y solo si reúnen ciertas exigencias serán admitidos con el tratamiento previsto por las convenciones internacionales. En resumen, no obstante la válvula de desahogo de Alemania, en Hungría se va hacia una nueva restricción de las políticas de acogida.

—Usted recueda en un artículo de prensa una antigua propuesta del PCI de los años 80: dar a los inmigrantes los mismos derechos y deberes que los trabajadores italianos en el exterior. Evoca el "acta de llamada" de otras épocas (permitía a un residente extranjero pedir el ingreso legal al país de un familiar). ¿Es realista esta propuesta en la Italia de hoy (Liga Norte, Movimiento 5 Estrellas)?

—Recordé aquella propuesta de ley, que se hizo en otro contexto político y socioeconómico, nacional e internacional, para subrayar cómo el principal partido de la izquierda de entonces fuese contrario a la inmigración clandestina y al comercio inhumano de hombres y mujeres. Queríamos una ley orgánica, fundada sobre dos principios irrenunciables: solidaridad y legalidad. Pedimos que a los inmigrantes les fueses atribuidos todos los derechos (y deberes) conquistados o reconocidos a los emigrantes italianos en Europa y otros lugares del mundo. Comprendidos salarios, derechos previsionales, servicios fundametales (casa, escuela, salud, etc). La propuesta de 1980 no fue aprobada proque se la consideró "demasiado humana", poco conveniente a los empresarios italianos que, como sus colegas europeos, prefieren la inmigración clandestina, el trabajo en negro, el neoesclavismo, para bajar costos de producción y hacer frente a la competencia emergente (China, India, Sudeste asiático, Brasil, etc). En suma, en lugar de ayudar al "tercer mundo" a salir de la miseria, la globalización neoliberal favorece la importación del "tercer mundo" al "primer mundo", con consecuencias sociales y políticas gravísimas para los dos mundos.

—Italia parece colocarse a mitad de camino: ni Hungría, ni Alemania; también porque el país sufre una ola de inmigrantes que llega desde Libia. ¿Cuánto peligro hay de una deriva nacionalista o xenófoba en su país por causa de la ola de refugiados?

—Es innegable que en Italia, en Europa, sobre todo en los barrios populares de las grandes ciudades, existe un serio problema de convivencia con algunos grupos de inmigrantes clandestinos. Menos con los inmigrantes regulares. Más que tendencias nacionalistas, hay miedos instintivos inducidos por falsos predicadores, como la Liga Norte y Beppe Grillo (el líder del Movimiento 5 Estrellas) que manipulan el malestar de los ciudadanos con fines electorales. Un problema que hay que resolver con cierta urgencia, si no queremos que se extiendan la xenofobia y los racistas ganen las elecciones.

—Se percibe una diferencia en la composición de las corrientes migratorias. Los sirios parecen tener un nivel de preparación más bien alto: se leen testimonios de universitarios, técnicos, etc. Otra situación presentan los africanos subsaharianos. Pero en los dos casos no hay un interlocutor estatal. Ni en Siria ni en Libia existe un Estado. ¿Qué se hace?

—Los tratados de emigración se podían hacer desde hace mucho tiempo, cuando se inició el fenómeno. Entonces los Estados existían (y aún gran parte existen). Así como se hacían acuerdos con éxito para vender armas y productos de lujo a cambio de petróleo y gas (se refiere a Italia y Libia). Por lo que conozco, Siria es un país autónomo, digno y orgulloso de su historia, de su cultura, de su estilo de vida. En estos días dramáticos en Budapest he observadoa los sirios, he hablado con algunos. Efectivamente, prevalecen los que tienen título secundario o universitario. Agrego que han dado la impresión de ser grupos bien orientados sobre la meta y bien organizados para buscarla. Me conmoví al ver a las mujeres luchar contra mil contratiempos para atender a sus hijos, y la dignidad de la gran masa de jóvenes sobre los 20 años que han aguantado largamente el dramático viaje, llevando apenas un pequeño bolso. Como si fuese un normal week-end. Muchos dijeron que escapan de la guerra, de la crueldad del Isis, algunos del régimen dictatorial de Assad. ¿Qué hacer? Nadie tiene la receta. Sin embargo, si el problema prioritario es el Isis, podría ser resuelto en un par de semanas, como máximo un mes, por quien lo ha creado, armado y financiado.

—Por lo pronto, en Europa a causa de los inmigrantes, de los refugiados, se están reforzando los partidos de ultraderecha y los movimientos xenófobos...

—En cuanto a los refugiados, hay que recordar que en la última década su número en el mundo ha crecido en forma desmedida. Según el International Institute for Strategic Studies (IISS), en 2014 hubo 42 conflictos que han provocado 180 mil víctimas, en gran parte civiles, y 12.181.000 refugiados. Casi un tercio de la población argentina. Cifras que tienen un impacto mucho más grave que en el pasado. El problema no es por lo tanto acoger mil refugiados más o menos, sino prevenir el fenómeno cerrando los conflictos y no provocar otros nuevos. Las migraciones, en cambio, siempre han existido y existirán y, aparte algunos odiosos crímenes o genocidios, se han revelado benéficas, incluso regenerativas. Hoy la rica sociedad europea, que en lugar de hijos se dedica a criar perros y gatos, tiene necesidad de una saludable (y programada) inyección de fuerzas externas para compensar la tendencia al envejecimento y dar impulso a su rol económico y político en el mundo. En los ambientes más reservados se susurra una cifra que haría enloquecer a Matteo Salvini (líder de la Liga Norte) y a todos los racistas: ¡30 millones! Una cifra enorme, asombrosa, que, indirectamente, adelantamos en 1993 con Bichara Khader en nuestro libro "El Mediterráneo". Una inyección ineluctable, que puede ocurrir o en modo ilegal a través de mafias y traficantes de esclavos, con desorden social y civil, o bien en la legalidad, en base a acuerdos de emigración, multilaterales y bilaterales, que la UE y los Estados en forma individual deberían promover.