El dolor de ya no ser
Cuando hace trece años comencé en mi profesión de taxista era un servicio para todos. Y uno sabía que había chicos malos (chorros) pero hasta ellos tenían códigos, Por eso no se temía ingresar a cualquier lugar de nuestra ciudad.

Sábado 27 de Febrero de 2010

Cuando hace trece años comencé en mi profesión de taxista era un servicio para todos. Y uno sabía que había chicos malos (chorros) pero hasta ellos tenían códigos, Por eso no se temía ingresar a cualquier lugar de nuestra ciudad. Con los años y más allá de la medidas de seguridad que se aplican (GPS, botón de pánico, luz, etcétera) uno ha tenido que manejarse con los instintos más básicos del hombre. Y por más que suene mal todo se simplifica a un "te llevo según la portación de cara". Lo cual no garantiza nada, porque pueden robarte igual. El único aliciente real es que vos a ese pasajero lo estabas llevando de onda y te la "puso" literalmente hablando. Lo triste quizás sea que uno se siente agradecido si este ratero no te lastima o mata, como ya sucedió con varios colegas. Sobre quién tiene la responsabilidad de esto, es un tema trillado demasiado. Lo grave es la naturalización de los hechos. Vemos y leemos diariamente muchos casos, y lo tomamos como algo normal. En lo personal, me queda el dolor de ya no ser, de no ser ese que te pudo llevar a cualquier sitio, de no ser ese que no te miraba a la cara para llevarte.

Pablo Gabriel Giménez,

DNI 21.531.682