El día que lloró el médico de Sandro
Quería compartir un mail que recibí con los lectores de La Capital. El mismo revela que nuestros médicos no tienen una cubierta de amianto. Vale como un homenaje a todos los profesionales de la medicina que honran haber sido formados en aulas de universidades argentinas.

Domingo 17 de Enero de 2010

Quería compartir un mail que recibí con los lectores de La Capital. El mismo revela que nuestros médicos no tienen una cubierta de amianto. Vale como un homenaje a todos los profesionales de la medicina que honran haber sido formados en aulas de universidades argentinas. Este es el texto del mail del doctor Sergio Perrone:

"Estimado Elbio: aún no he logrado acostumbrarme a la perdida de mis pacientes. La gente nos conoce mucho más por el caso tan público de Roberto, pero cada vez que perdemos un paciente, éste se lleva un pedazo de nosotros y creo que no es malo que así sea. Cuando pequeño veía a mi padre que preocupado se sentaba a la mesa de almuerzo o cena, casi no se hablaba, su mente estaba en otro lado totalmente diferente. El tiempo me hizo conocer que había heredado ese "don" de sentir en lo profundo del alma el dolor ajeno. Con Roberto, los periodistas me preguntaban cuando se iría mi cara de

preocupación. Mi respuesta era: cuando lo vea en su casa, con su familia, haciendo lo que más le guste. Lamentablemente ese momento no llegó. Perder un paciente siempre fue y será para mí como perder un pedacito de

uno. Duele en el fondo del alma, pero el tiempo y el continuo esfuerzo nos ayudan a superarlo. Fueron mas de cinco años de esfuerzos para tener a Roberto junto a nosotros con una calidad de vida aceptable, pero el último tiempo ya nos ponía sus límites, las cosas no tenían otra salida que el trasplante. Su enfermedad pulmonar obstructiva crónica más la hipertensión pulmonar más la insuficiencia cardíaca biventricular, todo provocado por el abuso del cigarrillo, era mucho para sobrellevar. El deseo de vivir de Roberto, sus ansias por volver a "su gente", a "sus nenas", a "su recital de Rosario", nos estimulaba a seguir adelante. No se nos dio. Días atrás, cuando regresaba de Mendoza, en la soledad de un cómodo asiento de primera clase del avión que había cambiado por el sofá adaptado a cama en el cual dormí 40 de los los últimos 45 días para estar más cerca de Roberto, recordaba a aquellos pacientes perdidos de una u otra forma. Llamativamente no me acordaba de los casos exitosos, sólo pasaban por mi mente aquellos que a pesar de tanto esfuerzo también se fueron. Ellos ayudaron, ayudan y ayudarán a darnos mas fuerzas para seguir adelante. Por ellos vale la pena todo el trabajo realizado y a realizar. El día que deje detener esa sensación de angustia, malestar, desolación, desconsuelo por perder un paciente dejaré la medicina y me dedicaré a otra actividad.

Sergio V. Perrone".

Elbio Martínez