Viernes 18 de Noviembre de 2011
No podía ser más oportuno el sabroso comentario de la señora Pierri en la edición del día 16/11/2011 en Carta de Lectores. Sólo un necio podría dejar de reconocer semejante contenido, con sensatez inigualable respecto de una cosa. Interrupción de vida educación para impedir la concepción. Pero bueno, ya dice la sentencia: "En el país de los ciegos el tuerto es rey". No se puede pretender que la mayoría de los niños que precisamente no los trae la cigüeña desde París, o nacen de un repollo, según viejos ocultamientos respecto de la procedencia (eran cosas de mayores), provienen de sectores, no todos, de los denominados de exclusión social. El sexo se acopla hoy al viejo libre albedrío. Las adolescentes madres, en su gran mayoría, obviamente no están rigurosamente educadas para: 1) evitar el sexo con la libertad que lo practican. 2) De resultas de dicha falta de educación, no tienen la menor idea de lo que significa ser madre. Del bebé se ocupan, lo veo en los efectores de atención a los niños, pero luego ya en los primeros años los dejan prácticamente en la calle. Hay casos en que los noveles padres depositan a los lactantes en el hogar de los abuelos, porque huelgan las palabras... Otro de los tantos males que asuelan a esta bendita tierra. Quiero dejar aclarado que según mi leal saber y entender, ser madre es un acto de lo más sublime que se conozca, aunque semejante acto no puede estar al alcance de mocosos imberbes. Después, que el Estado se haga cargo, amén de las instituciones de beneficencia (subsidio encubierto). Claro que la práctica de aborto, obviamente está en la mente de otras clases sociales. Ya en Argentina no quedan más íconos a quien encomendarnos. Finalmente, que los involucrados en prácticas peligrosas destierren al demonio de sus corazones y de su cerebro. A Satanás se le puede dar la espalda, salvo que los vahos del etílico nublen la razón.
Oscar Héctor Rodríguez
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