Edición Impresa

El día en el que el barrio Rucci se transforma y se llena de emociones

La postal se repite desde temprano: vendedores ambulantes, los primeros fieles que se acercan a la Iglesia Natividad del Señor, los que llegan desde otros puntos de la provincia y el país.

Sábado 19 de Abril de 2014

En Rucci, el Viernes Santo es especial desde hace más de 30 años. La postal se repite desde temprano: vendedores ambulantes, los primeros fieles que se acercan a la Iglesia Natividad del Señor, los que llegan desde otros puntos de la provincia y el país, los que cumplen promesas y los colectivos que ya comienzan a acercarse en las primeras horas de la tarde. Incluso, los mismos vecinos viven lo que consideran una “ceremonia habitual” con “la mayor de las emociones”.

   “Baño, agua caliente, café, té, mate, gaseosas y sándwiches”, se lee en un enorme cartel rojo y blanco que cuelga de un balcón de planta baja de uno de los departamentos del barrio, bien enfrente a una de las salidas laterales de la parroquia. Ahí está cada año, al igual que los vendedores que llegan desde diferentes puntos de la ciudad y que siempre son los primeros en instalarse.

   La oferta es variada. Hasta los jóvenes y estudiantes secundarios recorren el barrio con tortas y café que ofrecen a quien se cruce. Entre quienes arribaron más temprano, antes de las 9, estuvieron los chicos de una iglesia evangélica de la ciudad que instalaron su bandeja con roscas azucaradas. “Estamos esperando que llegue la gente y así juntamos fondos para arreglos y actividades que hacemos los adolescentes de la iglesia”, contaron Emanuel, Marianela, Flavia, Adrián y Yanina.

Oferta. Los bidones para llevar agua bendita —a diez pesos— tampoco faltaron. Y en la esquina de Circunvalación y Palliere, apenas se baja del puente, se instalaron los primeros en ofrecer rosarios, estampitas e imágenes que van desde San Expedito al Gauchito Gil. Del padre Ignacio no faltaron anillos y hasta pines, al igual que del Papa Francisco; todo se mezclaba en el “mostrador” con las tradicionales lechuzas que fabrican los integrantes de la comunidad qom.

   “Hace casi diez años que vengo”, dice Gladys, mientras arregla con una pinza los eslabones de un Rosario y prepara los tablones. “Es temprano todavía”, expresa la mujer sobre gran cantidad de gente que se acerca y vaticina que, a partir de las 14, llegará “el aluvión” de gente.

   Enfrente, en cambio, Yanina prueba suerte por primera vez, y espera que el frío de la noche le acerque compradores. Es que desembarcó con guantes y gorros que ofrece desde 20 y 30 pesos, además de bufandas y paquetes de medias. “Es la primera vez que venimos, esperamos tener suerte”, dice junto a su pareja, mientras instala el puesto bajo un quiosco de diarios.

   El movimiento es habitual para los vecinos en cada Viernes Santo. Sin embargo, para muchos la repetición no los hace indiferentes. “Nací y crecí en este barrio. Ver cómo se transforma para esta fecha es importante y se vive con mucha emoción”, sostiene Natalia, quien salió de su casa por unos mandados.

Con la iglesia abierta durante toda la noche, no son pocos los fieles que se acercan a partir de las primeras horas de la mañana. Muchos de los que son de la ciudad vuelven a su casa y regresan a la hora del Vía Crucis; en cambio, los que llegan de otras localidades y provincias tienen varias horas por delante.

   María asiste cada año desde barrio Alvear. “Vengo y pido, porque el padre es milagroso”, dice sin dudar cuando sale de la parroquia. Junto con su familia, vuelve a su casa, pero promete regresar a la tarde para recorrer las 14 estaciones del Vía Crucis.

   Angela, en cambio, llegó de Buenos Aires después de conocer la obra del sacerdote a través de internet. “Hice una promesa por un problema de salud, se está cumpliendo mi pedido y acá estoy”, dice la mujer, que ingresa además con un bidón que, como otras cientos de personas, llenará con agua bendita.

   Aunque no quiso emitir palabra, muchos vieron atentos la llegada de hombre que de rodillas recorrió las calles de Rucci para llegar hasta la iglesia. Sólo respondió que sí con la cabeza cuando le preguntaron si se trataba de una promesa, pero continuó su lento andar mirando al cielo.

   Para otros, el templo Natividad del Señor fue parte del recorrido de las siete iglesias que se realiza en la Semana Santa. Incluso se vieron grandes grupos de jóvenes y adultos acercarse al barrio para realizar la ceremonia, con la parroquia de Ignacio como una de las paradas.

   Una vez más el ritmo constante de actividades e idas y vueltas se mantuvo durante todo el día y se intensificó a medida que pasaban las horas y se acercaba la cita con el sacerdote que, cada Viernes Santo, convoca multitudes.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS