Viernes 21 de Marzo de 2014
Sebastián Abreu es de los jugadores a los que da gusto escuchar. Compartiendo o no su forma de pensar. Ayer, atendiendo que el sábado será de la partida, el uruguayo enfrentó los micrófonos. Y dijo varias cosas. La mayoría de sus respuestas giraron en torno a lo futbolístico, pero hubo otras que fueron más allá. "No nos olvidemos que esto es un deporte, por más que a muchos no les guste este tipo de argumentos. Si los que tuvieron un tsunami al otro día tuvieron que salir a pelearla... A mí no me vengan con presiones, con guerras, con batallas. De chico me decían «vamos a jugar» y no «vamos a la guerra». Hoy sigo con esa esencia aunque cambie el mundo o que la sociedad lo quiera mirar de una manera diferente. Yo no tengo por qué ser culpable en una sociedad que traslada al fútbol problemas personales para desahogarse. Lo mío siempre va a ser responsabilidad, profesionalismo, convicción y jugar para ganar". Claro. Contundente.
Por sí sola, la respuesta puede sonar descolgada. Por eso contextualizarla no es un ejercicio que esté de más. Es que estas palabras se condicen con las declaraciones que hizo en cancha de Arsenal, donde habló de que prefería ver el medio vaso lleno de los dos partidos sin derrotas por sobre el medio vacío, de los cinco sin triunfos.
Otra aclaración: "Esto que digo no es un tema específico de Central, sino algo que vemos cotidianamente". Y agregó: "Todos tenemos que ayudar. Hoy por ejemplo le estamos negando al fútbol la posibilidad del folclore, que es lo más lindo que tiene, con el hecho de que no puedan estar las dos hinchadas en un estadio. Muchas veces se le da más trascendencia a cosas extrafutbolísticas, como por ejemplo cuando un jugador se va insultado. Allí las cámaras se preocupan más por captar las imágenes de personas enajenadas insultando como si fuera un pasillo que va de la Corte a la camionetita de la policía que está llevando a un violador de menores, cuando en realidad estamos en una cancha de fútbol. Entiendo el enojo y la pasión, pero sé que hay un límite y no lo voy a aceptar".
Y la declaración prosiguió, ya más enfocado en lo que tiene que ver con lo que es el presente de Central: "Siempre trato de inculcarles a los más jóvenes que no sientan presión por eso, sino que disfruten del fútbol porque el club vivió momentos muy duros desde lo futbolístico y lo institucional y hoy está la chance de que el padre pueda llevar al hijo a la cancha porque su equipo juega contra River, contra Boca o el clásico. Hace ocho meses no lo podía hacer. Sí tenemos en claro que debemos hacer autocrítica y que hay que mejorar para lograr más puntos, pero de ahí a pasar al otro extremo. Del lado nuestro, que somos los protagonistas, no tenemos que estar acorde a esa realidad. Lo que debemos hacer es estar acorde a nuestra realidad deportiva y esperamos que a partir del sábado podamos reconstruirla a partir de los resultados".
Ese presente de Central, que tal vez haya sido el disparador de estas reflexiones, marca que de los últimos 15 puntos en juego el equipo sumó sólo 2. ¿De qué manera califica esa situación? "Son necesidades, pero forma parte de nuestra autocrítica y tenemos muy claro que si no pudimos sumar más es porque algo nos está faltando. Hay que potenciar las cosas buenas que hacemos y disminuir el porcentaje de error", dijo. Y agregó: "Hay que saber dividir lo que es rendimiento de numerología. En números estamos por debajo de lo esperado, pero en juego, con detalles que debemos corregir, estamos cerca de poder volver a sumar de a tres".