El Cruce de los Andes
No hay palabras para describir el Cruce de los Andes a lomo de mula. A medida que uno se adentra en la cordillera se agiganta la figura del general José Francisco de San Martín.

Sábado 31 de Enero de 2009

No hay palabras para describir el Cruce de los Andes a lomo de mula. A medida que uno se adentra en la cordillera se agiganta la figura del general José Francisco de San Martín. A medida que se agranda el paisaje, el hombre se achica, se asombra y admira. Recorrer el camino del libertador, rememorar su epopeya, llenarnos de su historia, aprender a valorar su hazaña en medio de esos centinelas de piedra que levantan sus picos glorificando a Dios, es una vivencia inolvidable que vibra en el alma de cada expedicionario. Si conocimos al general San Martín a través de la historia, es con el cruce que recién nos damos cuenta lo que hizo este gran hombre que despojado de todo egoísmo brindó su vida y la de su ejército a la libertad y engrandecimiento de tres naciones. La vorágine del día a día nos hace olvidar a este héroe que luchó por su patria, formó el ejército de los Andes, legó las máximas que aplicó en la formación de sus hombres y dejó a su hija Mercedes. La Virgen, la bandera y una columna de expedicionarios pudieron nuevamente rendir honor a quien "fue grande cuando el sol lo alumbraba y más grande en la puesta del sol". Jinetes inexpertos, inclemencias del tiempo, jornadas cansadoras, pero una meta: pasar el Portillo y llegar al Hito. El Cruce de los Andes deja una gran lección de vida: adelante siempre. Mi agradecimiento a la Asociación Sanmartiniana Cuna de la Bandera, al teniente coronel (R) Víctor Hugo Rodríguez y a toda la comisión que tanto hace para que esto se realice. Gracias por ser una expedicionaria del 11º Cruce de los Andes a lomo de mula.

Adriana Valdés Tietjen de

Sánchez Almeyra

nanivaldesa@hotmail.com