El crimen de una buena persona

Sábado 01 de Febrero de 2014

En la esquina de Juan Manuel de Rosas y Mendoza, el pasado viernes 25, mataron de un tiro en la cabeza a Jorge Massin, el quiosquero. Fue a la 7,30 de la mañana y lo dejaron tirado en el piso. No se sabe aún quién fue. Un delincuente entró allí y, mientras otro hacía de campana, se llevó el dinero recaudado; como detalle fatal dejó un hombre de 53 años muerto y una familia destruida. Jorge era mi amigo y una buena persona. Detrás de él vienen los beatos y los santos. Una persona de conducta intachable, como se dice. Vivía entre su casa y el trabajo. Así lo hizo durante 40 años sin faltar jamás. Trabajaba junto a su esposa, su cuñada y su hijo. Siempre estaba al pie del cañón, con una palabra de aliento, un comentario sobre cualquier tema, un vamos que se puede, un aquí estoy para lo que sea. Hemos tenido mil encuentros breves. Nunca fue para decir sólo buenos días, porque Jorge siempre tenía un tema para dialogar, era un filósofo del instante, escéptico algunas veces y optimista otras. Era una persona querible, respetuosa, con valores que exaltaban su condición humana. Ya es tarde para quien quiera decirle algo, porque Jorge sostenía que lo que hay que hacer hay que hacerlo en vida. Jorge era un grande, anónimo, y si pasaba inadvertido era por su simpleza. Pero no, quien conoció su pensamiento sabe que la ciudad perdió a una gran persona. La violencia se cobró una víctima más, aumentando el caos y el desorden reinante en el país. En tanto los asesinos siguen libres. La justicia, es sabido, siempre llega tarde y sólo sirve para enriquecer a los abogados.

César Schwank, DNI 11.810.315