Pandemia. Suplemento especial

El Covid, un test decisivo para la política en la provincia

El virus abrió una nueva etapa en la vida pública de Rosario y Santa Fe, caracterizada por la centralidad de los Ejecutivos, la alianza entre Perotti y Javkin y la proliferación de viejos y nuevos conflictos

Domingo 20 de Septiembre de 2020

Como lo hizo con otras esferas de la vida social, la pandemia reseteó la política santafesina y rosarina. A partir del 20 de marzo se abrió en ambos niveles una nueva fase, en la que se modificó no sólo la agenda sino también las formas del debate público, y en la que algunos conflictos se aplacaron, otros se exacerbaron y otros, simplemente, se postergaron.

Al igual que en el Amba y en el resto de los distritos, en la primera etapa del combate al Covid-19 los Ejecutivos coparon prácticamente todo el escenario político, y otros actores e instituciones pasaron a un segundo plano. Es lógico: los gobiernos controlan las administraciones públicas y pueden tomar decisiones rápidas. Difícilmente este tipo de crisis pueda ser gestionado desde órganos como la Legislatura o el Concejo.

Lo cierto es que la peste reforzó la sociedad política entre Omar Perotti y Pablo Javkin, que empezó a construirse incluso antes de diciembre. El gobernador y el intendente cultivan perfiles similares: son más pragmáticos que ideológicos y conducen más cómodos por los carriles del centro que por los extremos. Además, comparten un interés básico: que Rosario no estalle.

En este marco, la cooperación entre ambos no era la única opción, pero sí la más racional. Gracias a la coordinación política y técnica, a las que se sumaron la infraestructura sanitaria construida en Rosario durante casi tres décadas y la aceptación social del aislamiento, durante meses la ciudad y la provincia sostuvieron una curva de contagios prácticamente horizontal.

En la Casa Gris reconocen que después de doce años de actuar el papel opositor el gobierno del PJ tuvo un comienzo difícil, pero consideran que con la pandemia Perotti pudo empezar a exhibir “un costado fuerte de gestión”.

Por su lado, cerca de Miguel Lifschitz destacan que el Frente Progresista, que tiene 28 de las 50 bancas de la Cámara de Diputados, desbloqueó a fines de marzo la aprobación de la ley de necesidad pública, después de más de tres meses de fuego cruzado no solo entre el PJ y la alianza entre socialistas y radicales, sino también entre Javkin y el propio Lifschitz.

“Esta situación nos encontró con diferencias con el gobierno, pero con ánimo de que la discusión política no se convierta en una piedra en el zapato para la gestión de la crisis”, dicen en el entorno del presidente de la Cámara baja.

Con el correr de los meses la temperatura política bajó, lo que no implica que el debate público provincial no se recaliente ocasionalmente. Sobre todo, por las medidas económicas para atender al tendal de heridos que dejó el coronavirus y la cuestión, a esta altura crónica, de la inseguridad.

No obstante, en Rosario el tono del debate público fue extremadamente light para la intensidad de la crisis. Es que el esquema de gobernabilidad que supo enhebrar Pablo Javkin, y que va desde la fracción del PRO liderada por Roy López Molina hasta Ciudad Futura, le permitió al intendente surfear olas bravas como la propia pandemia, la quema en las islas y sucesivos paros de colectivos que duraron en total 74 días.

En el javkinismo valoran la “madurez política” de los actores locales, aunque deslizan que tampoco había margen para que alguien cascoteara esa arquitectura de acuerdos.

Desafíos

En este marco, los principales desafíos de los gobiernos provienen no tanto de la política sino de las entrañas del propio Estado y una sociedad agobiada por la recesión y la creciente violencia en las calles.

La cuarentena en sus múltiples versiones —aislamiento y distanciamiento— implicó la aplicación de una medida europea a una sociedad cada vez más latinoamericana en el terreno económico (precarización creciente) y el legal-cultural (la fragilidad de las normas).

Desde distintos flancos, el amotinamiento policial y la saga de homicidios ponen en cuestión tareas muy básicas del Estado: subordinar las fuerzas al poder civil y garantizar la seguridad en el territorio que controla.

Frente a la pandemia, con recursos más que escasos para aplicar dos de las formas de ejercer el poder —la sanción y la recompensa— Perotti y Javkin se entregaron a la tercera y última: la persuasión.

A pesar de la pobre performance comunicacional de ambos gobernantes en la conferencia del viernes 4 de septiembre —“un día negro para la comunicación política”, lo definen en los pasillos de la Casa Gris—, las nuevas/viejas restricciones arrancaron con un acatamiento relativamente alto, pero con los días se fueron debilitando. Basta ver las calles, los parques, incluso las redes sociales.

Eso, a pesar de la opinión mayoritaria de los rosarinos. De acuerdo al último informe de la consultora Innova, realizado entre el 4 y el 7 de septiembre, el 62% de los encuestados se mostró de acuerdo con retroceder de fase y sólo el 33% dijo estar en contra.

Con estos datos, a los que se agregaron los números en rojo de la ocupación de camas, Perotti y Javkin se rodearon para el mensaje del viernes de legisladores e intendentes del sur provincial, como forma de escenificar el respaldo político a la continuidad, por lo menos por una semana, de una fase dura.

Mientras tanto, muchos actores empiezan a ojear el calendario electoral. Desde el círculo más próximo a Lifschitz celebran que Javkin se haya despegado en las últimas semanas del “frente de frentes” que impulsa la mayoría de las tribus de la UCR.

Al oficialismo se le aparece un verdadero juego de la silla, sobre todo para definir los dos candidatos al Senado. Más allá de la danza de nombres, desde la Casa Gris remarcan que si el año pasado la lista de diputados nacional tuvo una fuerte impronta cristinista, ahora tres personas tendrán el lápiz: el gobernador, el presidente y su vice.

De todos modos, para los comicios de medio término falta una eternidad. Tampoco nadie quiere hablar demasiado: un adelantamiento prematuro del clima electoral en medio de una de las peores crisis en el último siglo ubicaría a oficialistas y opositores en un lugar sumamente incómodo ante la opinión pública. También, según cual sea el devenir de la crisis, atizar las brasas de la antipolítica.

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