El costo de las elecciones
El domingo 9 pasado fui presidente de mesa, como tantos lo fueron en estas elecciones y en los últimos 30 años de democracia. Entiendo que es una carga pública y se basa en la solidaridad...

Martes 18 de Agosto de 2015

El domingo 9 pasado fui presidente de mesa, como tantos lo fueron en estas elecciones y en los últimos 30 años de democracia. Entiendo que es una carga pública y se basa en la solidaridad, pensando que es un día en el año y que estamos ayudando a 350 personas (el número de votantes de mi padrón) a ejercer su voluntad y elegir quien nos gobierne. También que se ha resuelto remunerarlo e incluso remunerar a los que hagan el curso previo para que los que sean elegidos estén capacitados. Sin embargo, entiendo que toda carga tiene que ser medida y si bien el que la ejerce debe comprender que es "hoy por ti, mañana por mí", hay ciertos limites que deberíamos atender. El domingo hubo una lluvia intensa, bajó la temperatura, y en nuestro caso, la mesa 3921, fue cambiada de lugar y trasladada a más de 15 cuadras de donde estaba ubicada siempre, quedando en el colegio San Jorge, de calle Italia al 1100, exactamente en un primer piso, a la intemperie, donde nos mojábamos y teníamos frío. También deberíamos tener en cuenta que la gente que concurrió a votar lo hizo con bastante molestia debido a las condiciones climáticas y al error repetitivo en el padrón de mostrar la dirección como Italia 1300 y no 1100, entonces las personas venían a quejarse a nosotros que ni siquiera habíamos elegido estar ahí. Quizás si los candidatos pensaran un minuto que de las autoridades de mesa depende mucho la elección, se preocuparían por cuidar un poco estas cuestiones. El domingo hubo un momento en que hubiera querido tener uno de los carteles tan grandes que hay por la calle de alguno de los candidatos, para taparnos un poco de la lluvia que mojaba el padrón mientras la gente firmaba el papelito y yo cortaba el troquel. Al menos nos dieron la vianda que distribuye el gobierno, en una caja muy linda que abrí con mucho entusiasmo esperando encontrar un sándwich o algo así, y sólo encontré unos caramelos superácidos, un agua mineral y un par de saquitos de mate cocido. Terminé mi deber cívico a las 21, luego de hacer el recuento interminable, me fui bajo la lluvia y con mucho dolor de garganta. Hoy ya llevo días con laringitis y gastados unos pesos en medicamentos. Igualmente, no reniego del deber cívico, porque como dije antes, se basa en ser solidario con nuestros hermanos que van a elegir nuestro futuro, pero sí reniego de las condiciones en las cuales debemos ejercer este deber, reniego de que nadie piense en nosotros, en ese frío, reniego porque a los que no van y son nombrados autoridades de mesa no les pase nada y a los que vamos a cumplir con este deber se nos arruine el día y los días siguientes como en mi caso. Sé que alguno dirá que hay cosas peores, y estoy de acuerdo, peor siempre puede ser y aún peor sería no poder votar; pero esto no quiere decir que no podamos mejorarlo y que todos pensemos que el día de votación es un día de fiesta porque vamos a elegir a nuestros líderes y no un pesar obligado, que si no voy puedo terminar preso.

Silvio Torregiani