"El continente de la esperanza", reserva del catolicismo, impulsó a Francisco

Jueves 14 de Marzo de 2013

La elección del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio como el nuevo pontífice bajo el nombre de Francisco, lo convirtió en el primer Papa oriundo de América, llamada "continente de la esperanza" por Juan Pablo II por concentrar la mayor cantidad de fieles católicos del mundo, con más de 580 millones (44 por ciento del total).

Primado de Argentina, Jorge Bergoglio es el primer Papa de origen no europeo en ocupar el sillón de San Pedro en la Santa Sede en 1.272 años, y carga sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir a la Iglesia Católica en un momento de crisis. La experiencia latinoamericana influirá sin dudas cuando deba sopesar si persiste en impulsar la visión tradicionalista de su antecesor Benedicto XVI o si la renueva acorde con las demandas sociales de estos tiempos.

El cardenal brasileño Raymundo Damasceno Assis, presidente de la Conferencia de Obispos de Brasil (Cnbb), aseguró —días antes de la elección de Bergoglio— que la Iglesia Católica latinoamericana se ha mantenido "viva y dinámica" ante un estancamiento en Europa, y por ello tiene mucho que ofrecer al nuevo papado.

"La Iglesia en América latina vive un momento muy especial, de entusiasmo misionero muy grande, que va al encuentro de las personas, en las periferias de las ciudades, en nuestras comunidades", dijo Damasceno en una entrevista telefónica a la AFP a fines de febrero.

La Iglesia latinoamericana está llevando un "suplemento de vida" a la Iglesia en Europa, "que vive un proceso de secularización muy fuerte y sufre una crisis de vocaciones religiosas", añadió.

"Europa parece que se estancó un poco, se cansó un poco, entonces creo que América latina tiene una contribución muy importante que hacer, primero porque es el continente con la mayor parte de los católicos del mundo, un 44 por ciento, nuestro pueblo es profundamente religioso", expresó el religioso.

Con 123 millones de fieles, Brasil es el que mayor número tiene en la región, seguido de México, con casi 93 millones.

No tan optimista. El profesor Jeffrey Klaiber, historiador de religiones en la Universidad Católica de Lima, no es tan optimista sobre el estado de la Iglesia católica en América latina.

"La inmensa mayoría de los católicos no practica su propia fe. Muchos la han dejado de lado y hay millones de fieles que nunca van a la iglesia", subrayó a la AFP Klaiber. "No hay espacio para los jóvenes críticos que quieren ver más justicia y paz en el mundo, y que se sienten también católicos", señaló.

Según Klaiber "el estancamiento del catolicismo es global y se debe, sobre todo, al ambiente espiritual poco atractivo para un joven que quiere escuchar un mensaje sobre sus problemas en la vida, y a una formación en seminarios con una mentalidad muy tradicionalista".

De acuerdo a su óptica, los jóvenes no se sienten muy involucrados en la Iglesia de los dos últimos Papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI, que gobernaron El Vaticano entre 1978 y 2013.

"En ese sentido, los evangélicos entran a una tierra de nadie", explica Klaiber al contextualizar la facilidad relativa con la que grupos evangélicos crecieron en las últimas décadas en toda América latina.

Según el vaticanista estadounidense John L. Allen, el sucesor de Benedicto XVI debería tener como prioridades el "desafío al catolicismo en Latinoamérica, que representa el crecimiento de los movimientos pentecostales y evangélicos, y la indiferencia religiosa básica".

Francisco deberá enfrentar la paradoja latinoamericana: a pesar de ser considerado el reservorio de fieles del catolicismo, el continente sufre un éxodo de católicos hacia otras confesiones, en especial los grupos evangélicos, y que una enorme cantidad de católicos se alejaron de las iglesias y no practican su religión.

El flamante Papa Francisco no debería, en cambio, preocuparse por el resurgimiento de la Teología de la Liberación, que Benedicto XVI marginó y redujo a un espacio minoritario en una región con las mayores diferencias entre ricos y pobres, tras consolidar el conservadurismo que trazó Juan Pablo II (1978-2004).