El cónclave de cardenales se inició en la Sixtina con una fumata negra
La elección del nuevo Papa se presenta incierta; las asambleas previas de las congregaciones finalizaron con cuestiones sin resolver. Tras el grito de "extra omnes" ("todos afuera") los príncipes de la Iglesia se recluyeron del mundo.  

Miércoles 13 de Marzo de 2013

Las cámaras de televisión acompañaron ayer a los cardenales hasta el interior mismo de la capilla Sixtina. Vestidos con sus roquetes blancos, sotanas rojas y el capelo, los 115 purpurados electores entraron solemnemente en el oratorio papal, donde bajo los frescos pintados por Miguel Angel, entre la Creación y el Juicio Final, deberán afrontar la tarea de elegir entre ellos al líder mundial de 1.200 millones de católicos.

Todos cantaron juntos el "Veni Creator Spiritus" ("Ven espíritu creador"), himno gregoriano para invocar al Espíritu Santo, quien según la fe de los cardenales es quien verdaderamente guía la elección. Después, uno a uno fueron jurando en latín ante el Evangelio que guardarán silencio sobre todo lo que ocurra entre esas cuatro paredes. Acto seguido, se escuchó el grito del "extra omnes" ("todos fuera"), y también las cámaras salieron y vieron cerrarse ante sí las puertas de la Sixtina.

Ahora los objetivos de las cadenas de TV de todo el mundo apuntan a la chimenea desde la que ayer, tal y como se esperaba, salió una primera "fumata negra", símbolo de que los cardenales votaron sin ponerse de acuerdo sobre un candidato concreto. No se sabe cuánto tardará en llegar la esperada "fumata blanca" que anuncie a todos la elección del Papa número 266, aunque los vaticanistas no prevén que se haga esperar más que en cónclaves anteriores.

El Vaticano parte de la base de que el cónclave no durará más de dos, tres o cuatro días a lo sumo. Para la elección de Benedicto XVI en 2005 fueron necesarias tan sólo 26 horas.

Cómo se vota. Para votar, cada cardenal rellena primero una papeleta rectangular que lleva impresa la mención "Eligo in Summum Pontificem" (Elijo sumo pontífice) en la parte superior. Tiene que escribir el nombre de su candidato con una caligrafía "lo más irreconocible posible".

Luego dobla su papeleta y, siguiendo un orden preestablecido, se levanta y la lleva (de forma que la papeleta esté siempre visible) al altar donde está instalada una urna cubierta con una bandeja. Pronuncia entonces en voz alta el juramento siguiente: "Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a quien, en presencia de Dios, creo que debe ser elegido".

Deposita entonces su papeleta en una bandeja y la deja resbalar por la rendija de la urna, se inclina hacia el altar y regresa a su lugar.

Cuando hayan votado todos los cardenales, un escrutador agita enérgicamente la urna para mezclar bien las papeletas y otro las cuenta. Si el número de papeletas no corresponde con el electores, se queman inmediatamente.

Haya o no un elegido, las papeletas son comprobadas por los revisores. Si ningún nombre obtiene el mínimo de votos necesarios, se lleva a cabo inmediatamente una segunda votación. Luego se queman las papeletas de las dos votaciones juntas con las notas de los cardenales.

El Papa debe ser elegido por una mayoría de dos tercios (77 votos en esta oportunidad) de los candidatos presentes.

Estos votan cuatro veces al día, dos por la mañana y dos por la tarde, hasta que haya una decisión.

Después de tres días sin resultado, sin contar el día del comienzo del ritual, la elección se interrumpe para un día de oración y discusión, antes de llevar a cabo otras siete votaciones.

En caso de que al cabo de 34 votaciones no haya todavía nuevo Papa, la elección se limita a los dos candidatos más votados, que para ser elegidos deberán imponerse por una mayoría de dos tercios.

En el último siglo, sin embargo, el cónclave más largo ha durado cinco días.

Pese al optimismo por que se conozca pronto el nombre del nuevo Papa, el día gris y lluvioso de la jornada inaugural del cónclave acompaña al ambiente que se vive estos días en Roma. A diferencia del cónclave anterior, el actual no se produce después de la muerte de ningún pontífice, pero la elección se ve oscurecida por el escándalo de filtraciones conocido como "Vatileaks" y que podría haber sido el verdadero motivo de la renuncia de Benedicto XVI. Joseph Ratzinger, ahora Papa emérito, habló de "falta de fuerzas".

Las revelaciones en torno al caso hablan de luchas de poder, malos manejos financieros, y corrupción en la curia romana.

En medio de las celebraciones de ayer, un grupo de mujeres que se autodenominan sacerdotes hicieron señales de humo rosa desde un balcón cercano a la basílica de San Pedro en un gesto con el que pretenden reclamar la ordenación de mujeres. Otras dos mujeres desnudas fueron interceptadas por la policía cuando intentaban protestar por la oposición del Vaticano al matrimonio homosexual.

Además, el ex jugador de básquetbol Dennis Rodman anunció que hoy piensa visitar Roma en lo que dice ser la imitación de un papamóvil para reclamar que el cardenal Peter Turkson de Ghana se convierta en el primer Papa negro de la historia.

Los 115 cardenales llegan al cónclave con algunos acuerdos de base habida cuenta que la renuncia de Joseph Ratzinger al papado aceleró los tiempos dramáticamente. Durante más de una semana las congregaciones de purpurados evaluaron a puerta cerrada la situación de la Iglesia con el objetivo de hacerse una idea bien formada del perfil que necesita el nuevo Papa. Pero los debates terminaron entre dudas y cuestiones sin resolver.

Protesta en Buenos Aires

En el marco del inicio del cónclave en el Vaticano, unos 150 manifestantes de una agrupación de izquierda ingresaron ayer a la catedral metropolitana porteña y protestaron contra los subsidios estatales a escuelas privadas confesionales a costa, según ellos, de retacear recursos a establecimientos públicos. Los integrantes del Movimiento Popular La Dignidad impidieron que seis obispos oficiaran una misa especial por la elección del nuevo Papa.