Domingo 13 de Mayo de 2012
Cuando observo a ancianos en interminables colas para recibir su asistencia social, discapacitados deambulando por distintos médicos para renovar su certificado de discapacidad, o la reciente oposición de firmas de vecinos a la instalación de Esperanto, me confirma el dicho del escritor español Pío Baroja: "La burocracia en los países latinos parece que se ha establecido para vejar al público". Existe un Código Urbano que determina en qué zonas no se puede instalar industria que no es compatible por su contaminación con la zona residencial. Cuando se va a localizar una industria en determinada zona, nadie exige que los vecinos vayan a oponerse mediante registro de firmas a dicha instalación, para ello la habilitación municipal le otorgará o no el permiso. Considerando las quejas, cada vez más numerosas, de vecinos que soportamos estos antros bailables (pueden tener o no en condiciones su insonorización interior), pero hay un factor común: los desmanes a la salida de las patotas embriagadas o "descerebradas con alguna otra sustancia", allí se terminan los valores inculcados y el respeto al prójimo. No soy pacata en cuanto a la diversión, apoyo el avance de la ciudad recreativa-turística, pero creo que cada zona debe, a través del Código Urbano, tener un orden para que se otorgue o no su radicación, y nadie tenga derecho al pataleo, ni a enfrentar vecinos contra bolicheros (ya bastantes enfrentamientos tenemos cotidianamente por otras cuestiones). La regulación debe contar con zonas específicamente recreativas con medición de decibeles (en otros países ésto también es válido para el transporte), de esta manera cuando en algún emprendimiento se quiera construir y dar por hecho consumado una obra, tendrá la negativa de antemano avalado por el Código Urbano, evitando problemas a los ciudadanos de toda la ciudad que a la larga terminamos pagando contrasentidos y no fundamentadas decisiones de quienes tienen a su cargo las habilitaciones. Apoyo la revisión y actualizaciones de las antiguas ordenanzas en este rubro, con el aporte de las partes afectadas, para lo cual sugiero la apertura de un buzón vía e-mail acorde a la tecnología existente hoy día.
Silvia Buonamico