Domingo 01 de Agosto de 2010
–Son 100 pesos.
–Pero por qué. Si sólo me está recetando un medicamento.
–Dice el doctor que ya tuvo que atender el teléfono dos veces y entonces es como una consulta.
El diálogo lo mantuve con la secretaria del doctor Goldbarg, un médico que atiende en el sanatorio Delta, de Mendoza 1560, y que se especializa en tratamientos contra el dolor. Lo que siguió al diálogo fue una discusión de fuerte tono porque no alcanzo a entender cómo alguien que hizo el juramento hipocrático se aproveche de la desesperación de los familiares de pacientes que sufren graves dolencias. ¿Alguna autoridad del Colegio Médico me podrá decir si esto es legal? ¿Cómo un médico que debiera procurar paliativos más eficaces para atenuar el sufrimiento de hombres y mujeres con cáncer y otras enfermedades cuyo tratamiento implica soportar momentos tan delicados, puede agregarle a esos padeceres su cuota de inhumano interés económico? ¿Sólo les importa ganar más, aún a costa del dolor ajeno? ¿Cómo puede ser que este señor desde su consultorio en un sanatorio privado pueda darse el lujo de cobrar por una receta? ¿No sabe que hay pacientes que apenas pueden movilizarse? Su primera barrera de descortesía es cuando uno llega y la secretaria advierte que el doctor no atiende por obra social. ¿No le preocupa que haya gente que no pueda pagar una consulta? Cuanta agresión, qué bajeza de persona.
DNI 11.127.596