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El clérigo moderado Hasan Rohani ganó las presidenciales en Irán

El candidato del sector reformista, de 64 años, se impuso a los candidatos ultraconservadores con el 50,7 por ciento de votos, evitando así la segunda vuelta. Sucederá a Ahmadineyad.

Domingo 16 de Junio de 2013

El candidato del sector reformista en Irán, Hasan Rohani, consiguió el viernes el 50,7 por ciento de los votos (18,6 millones) y será el próximo presidente de la república islámica, según los datos oficiales dados a conocer ayer por el Ministerio del Interior en Teherán. El presidente electo consiguió la mayoría necesaria en la primera vuelta. Rohani, de 64 años, es un antiguo negociador nuclear y considerado un clérigo "moderado". Competían seis candidatos para suceder al hasta ahora presidente Mahmud Ahmadineyad, quien tras dos mandatos no podía concurrir a un tercero, según la Constitución del país teocrático.

El alcalde de Teherán, Mohamed Bagher Ghalibaf, quedó en segundo lugar con el 16,6 por ciento de los votos, mientras que el político de línea dura Said Jalili se ubicó tercero con el 11,4 por ciento de los sufragios. En total estaban convocadas a votar 50 millones de personas el viernes, y según las autoridades la participación fue elevada, de un 72 por ciento. Los observadores habían pronosticado una baja participación tras las acusaciones de fraude y la violenta represión de las manifestaciones de protesta tras los comicios en 2009.

De los seis candidatos, cuatro eran considerados con posibilidades: Rohani, Jalili, Ghalibaf y el ex ministro del Exterior Alí Akbar Velayati. Jalili y el conservador Velayati eran considerados los dos más cercanos al establishment. "Estoy contento de que finalmente el sol de la racionalidad y la moderación esté brillando nuevamente sobre Irán", dijo el presidente electo. "Estaré abocado a lo que prometí al pueblo iraní y no me detendré hasta el final", agregó Rohani, que asumirá la presidencia en agosto. Asimismo, expresó sus esperanzas de que Occidente adopte un nuevo acercamiento hacia Irán basado en el respeto mutuo y la equidad. Poco después de que se dieran a conocer los resultados oficiales de las elecciones, miles de sus seguidores salieron a las calles para festejar la victoria.

La última palabra. Rohani, considerado un moderado, quiere poner fin al aislamiento internacional del país. Sin embargo, incluso con Rohani como nuevo presidente, no habrá un cambio radical en la política exterior, de seguridad y atómica del país, dado que en todas las decisiones en estos ámbitos tiene la última palabra el ayatolá Ali Jamenei. Sin embargo, el presidente puede proponer ciertos matices. Con su victoria, Rohani vuelve a los grandes escenarios políticos después de ocho años. En 2005, se había alejado de su cargo como negociador nuclear por diferencias con Ahmadineyad. Bajo su mandato hubo diferencias con la comunidad internacional, pero no provocaron sanciones como las de hoy día. Occidente sospecha que bajo el rótulo de investigación atómica civil se estén fabricando armas nucleares en Irán.

Para Israel, Irán representa una amenaza directa a su existencia, por lo que algunos de sus políticos llegaron a amenazar con ataques directos contra las instalaciones atómicas iraníes. Rohani era considerado el único moderado entre los seis candidatos. Su slogan fue reconciliación y esperanza. Tras ocho años de Ahmadineyad, el político dijo que quería aportar aire fresco a la política interior y exterior.

En crisis. Las elecciones se celebraron con una grave crisis económica como telón de fondo debido a las sanciones internacionales impuestas por su programa nuclear. Desde las presidenciales de 2009, muchos iraníes habían perdido la confianza en sus gobernantes. Entonces, las expectativas de triunfo del candidato reformista Mir-Hosein Musavi se vieron frustradas por un aplastante resultado de Mahmud Ahmadineyad. Las protestas que siguieron, las más graves desde la revolución de 1979, fueron duramente reprimidas. Ahora, Rohani parece haber recogido el voto de muchos de aquellos desencantados que quieren dar una oportunidad al juego democrático, por muy defectuoso que sea, antes de dejar que su país siga cayendo de la mano de los ultraconservadores.

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