El cielo está cerca
La risa de los chicos, el canto de los pájaros, el verdor de los bosques, el vuelo de las gaviotas; son de esas cosas que debemos conservar en su máxima pureza porque se hallan entre las más importantes, lindas y delicadas de la vida.

Lunes 03 de Septiembre de 2012

La risa de los chicos, el canto de los pájaros, el verdor de los bosques, el vuelo de las gaviotas; son de esas cosas que debemos conservar en su máxima pureza porque se hallan entre las más importantes, lindas y delicadas de la vida. Pero para eso, tenemos que luchar en el plano social y político, y en el de la preservación del medio ambiente; una manera impostergable de intentar vivir de verdad. Y vivir de verdad es, por ejemplo, respirar aire puro, disfrutar un río limpio, gozar de un razonable silencio, y beber agua de excelentes condiciones. Vivir de verdad es compartir un hábitat que, aunque necesariamente modificado, sea nuevamente un himno a la existencia, un canto a la naturaleza incontaminada. Tal vez lo expresado se aproxima a una idealización; quizá roza lo utópico. Sin embargo, creo que todos tendríamos que identificarnos con esta idea (casi romántica) que para algunos constituye una hermosa obsesión. Ya es bien conocida la responsabilidad del hombre (o la irresponsabilidad), en los hechos que afectan a los bienes naturales. Es él quien incendia bosques, unas veces por imprudencia y otras, para ganar en las selvas tropicales terrenos de efímera fertilidad; es él quien los tala con desaprensión, provocando deforestación y quitándole al mundo parte de su paisaje; sólo "el rey de la creación" contamina el aire y el agua, constituyéndose en el mayor depredador de especies animales, que como las vegetales, son víctimas inocentes de su desatino. Pero lo más grave es que también el hombre es víctima del hombre. En los últimos años se ha predicado tanto en favor de la conservación ambiental, que en la práctica se han logrado algunos avances; cuando ellos crezcan en cantidad y en importancia, en un futuro tal vez no muy lejano, el sol será más benigno, el aire tendrá más pureza y las alboradas volverán a poseer la luminosidad de otros tiempos, como queriendo alumbrar el deseo de vivir de verdad. Sólo es cuestión de animarse a volar; sólo se trata de comprender que como en la canción que interpreta José Angel Trelles, el cielo está cerca.

Edgardo Urraco