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El chileno Maira dice: "En Chile, con Bachelet entramos en una etapa post-neoliberal"

Es un veterano dirigente del socialismo chileno que comenzó su vida política en la juventud democristiana. Se sumó a Salvador Allende y hoy es hombre de consulta del PS chileno.

Domingo 06 de Abril de 2014

Luis Maira es una figura de gran prestigio dentro del socialismo chileno. Su extensa trayectoria política y vital se inicia en la izquierda democristiana y continúa en el gobierno de Salvador Allende. Pasa la dictadura pinochetista en el exilio mexicano. Luego será miembro fundador de la Concertación y ministro del presidente Eduardo Frei. Abogado y ensayista, es hombre de consulta obligada en su partido. Maira vino a Rosario la semana pasada para participar de un seminario organizado por el socialismo local (“Los desafíos de la izquierda democrática en América latina y el Cono Sur”). El magnetismo de Maira se hizo notar en el salón donde disertó: apenas terminó su exposición fue abordado por los militantes y dirigentes socialistas, que no lo “soltaban”. En uno de esos “breaks” o descansos que se hacen en los seminarios para tomar un café, Maira le dio la entrevista que sigue a La Capital.

   —Con su experiencia y bagaje, ¿cómo ve este segundo gobierno Bachelet?

   —Hay que recuperar el planteo que hizo Michelle Bachelet al volver a Chile desde Nueva York en marzo de 2013. Ese mismo día va a una comuna pobre y plantea lo que sería su esfuerzo como candidata. Dice cosas sustanciales: lo primero es que Chile tiene que entrar en un nuevo ciclo histórico. Esto quiere decir que se acabó la transición, que había sido muy trabajosa, que abarcó los cuatro gobiernos iniciales, y que se está en un ciclo post-transición. Que se acabó el consenso en torno al modelo y estamos en una etapa post-neoliberal, y ella propone como eje ordenador la lucha contra la desigualdad. Con tres impulsos: la reforma educacional profunda, para llegar a una educación pública gratuita y de calidad, desde la básica a la universitaria; el segundo es reforzar las políticas sociales y para eso hay que tener recursos. Esto supone una reforma tributaria, con la supresión de ciertas exenciones que venían de Pinochet, cuando se estableció el FUT, que es una no-tributación cuando se hace reinversión. Bachelet propone cambiar esto y aumentos impositivos para los mayores ingresos. Todo esto suma un 3,5% del PBI. Es una reforma razonable, porque la carga tributaria en Chile es baja. El tercer y más difícil paso es una nueva Constitución. Heredamos una Constitución hecha en la dictadura, que se sometió en 1980 a un plebiscito sin registros electorales. La dictadura lo ganó entre comillas, y eso nos obliga a jurar por esa Constitución. Establece números muy altos para su reforma, pero igual se hicieron cambios con la anuencia de los partidos de derecha. Y ahora la presidenta quiere hacer la nueva Constitución, que será una batalla cultural a la que habrá que abrirle cauce, para que aquellos que podrían usar sus votos en el Congreso (para bloquear la reforma) no lo hagan. Este será el carácter del nuevo gobierno de Bachelet. Ella ve un nuevo ciclo, distinto del anterior que ella misma protagonizó en su presidencia anterior (2006-2010), con un objetivo central, la lucha contra la desigualdad.

   —Hubo antes y después de la asunción de Bachelet una serie de renuncias de viceministros y secretarios, que denotan una tensión interna en la coalición Nueva Mayoría.

   —No es así. En el país, bajo la administración de Sebastián Piñera, se afianzó una exigencia de transparencia. Tuvo numerosos asuntos que causaron mucho disgusto, como la corrupción de los tres grandes consorcios de farmacias que subieron sus precios concertadamente, o una empresa muy grande de tiendas que subió unilateralmente y sin aviso los intereses de las deudas, afectando a cientos de miles de personas. Todo esto es producto del modelo que se aplicó en los años del régimen militar, muy neoconservador. Luego también hubo insatisfacción pública con el sistema de salud previsional y las administradoras de fondos de pensiones (las “AFJP” chilenas) que cambió el sistema de reparto por el de ahorro individual. Habían prometido que cuando se jubilaran tendrían 75% del ingreso activo. En los años de Piñera se produjeron las primeras jubilaciones, pero fueron del 25 al 40% del salario activo. Bachelet tuvo que recoger todo este descontento. Hay así un momento de deslegitimación de muchos de los instrumentos del viejo modelo económico de Pinochet, y la idea es que hay que hacer políticas más activas desde el Estado para favorecer los intereses de los sectores mayoritarios. Ese es el clima. Esta situación de inquietud social estableció el deseo de mayor transparencia. En segundo lugar, no se había dado en la oposición una tan sistemática campaña de revisión de antecedentes de los candidatos (como ahora). La presidenta ha acogido esta preocupación y esto explica estos cambios de colaboradores. Ella ha sido muy diligente, ha tenido una severidad ética y no ha dejado a ningún funcionario cuestionado.

   —¿No se puede pensar en una normalidad política en la que el socialismo y la democracia cristiana vuelvan a ser los líderes de centroizquierda y centroderecha, como era antes?

   —No creo, esto es así por voluntad de todos los actores. La DC y los que están fuera de la Concertación, el PC e Izquierda Ciudadana, han acordado en tener una base más ancha. Esa ampliación nos dio este resultado, aún con un sistema inicuo como el sistema electoral binominal, donde con un 33% se asegura la mayoría del 50% y se impide que haya cambios de las leyes orgánicas, constitucionales, de la misma Constitución. El gobierno de la presidenta Bachelet es el primero que tiene mayoría en las dos ramas del Congreso.

   —¿Entonces ahora sí se puede terminar con el sistema electoral binominal?    

—Esperamos. Provoca mucho rechazo en el país. Una parte (de la derecha) tiene un compromiso, ellos mismos se dan cuenta de que es un tema que no tiene respaldo social. Es probable que haya negociaciones para suprimir este sistema para ir a uno más proporcional y justo.

   —¿El sector más moderado de la derecha puede aportar entonces en ese proceso de reforma, con votos o abstenciones?

   —Hay una enorme crisis en los dos partidos de la derecha (Renovación Nacional y UDI). Renovación Nacional tuvo dos desgajamientos. Una migración de gente que se siente más liberal. No están en contra del matrimonio igualitario y del aborto terapéutico, que es el que se puede establecer en Chile. Entonces la derecha tiene dos actores mayores, RN y UDI, y estos dos actores menores. Podrían acompañar algunas de la reformas. Ellos han condenado la crisis del sistema educativo, y han dicho que una reforma tributaria es necesaria. Hay un margen para el acercamiento. No soy pesimista. El dato básico es que hay mayoría para sacar proyectos en las dos cámaras.

—La agenda reformista entonces tiene buena perspectiva.

   —Tiene una cierta perspectiva que no tuvo nunca antes.

   —Si en estos años le va razonablemente bien a Bachelet se abre un panorama de gobiernos in aeternum de Nueva Mayoría, con esta derecha tan débil...

   —Así como la derecha se autodestruyó podría recomponerse. En política uno no puede suponer que alguien murió y que alguien ganó para siempre. El gobierno de Piñera fue mal evaluado, se recuperó al final con 40-50%. Bachelet se fue (en 2010) con 85% y Ricardo Lagos, con 70 y algo. Cuando Michelle tenía 85%, el candidato de la Concertación (Frei) perdió (frente a Piñera en 2010). Esto tiene mucho que ver con los candidatos. Piñera organizó sus últimos seis meses para inaugurar cosas que no estaban terminadas y se gastó en dos meses buena parte del presupuesto anual. La propia derecha considera que la debilidad de sus candidatos tiene que ver con que él no quería que quedara en pie ninguna figura.

   —En las otras sociedades latinoamericanas la reelección inmediata es algo descontado. Con las reformas, ¿eso puede darse en Chile?

   —No, no hay ninguna posibilidad. Ninguna. Es un modo de ser nacional pensar que el que terminó su mandato tiene que irse a su casa y luego se verá si regresa. Los que han sido reelectos son muy pocos. Bachelet es el segundo caso desde los años 20.

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