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El chavismo se mostró unido en el acto de renovación del Parlamento

Los jefes de las dos grandes facciones oficialistas se declararon "hermanos". También participó del acto el alto mando militar. Chávez sigue internado en La Habana. 

Domingo 06 de Enero de 2013

El gobierno venezolano mandó un mensaje de unidad, con la reelección del polémico militar Diosdado Cabello como jefe del Parlamento unicameral, un acto que reunió a la plana mayor de la "revolución" en medio de la creciente incertidumbre sobre la salud del presidente Hugo Chávez. Este permanece internado en La Habana desde una difícil cirugía que le practicaron el 11 de diciembre para combatir el cáncer que padece.

La mayoría oficialista reeligió por unanimidad al ex teniente Cabello, quien se mantiene en una posición estratégica para asumir el mando de la nación petrolera si Chávez se debilita aun más y se deben convocan nuevas elecciones. "Juro ser carta cabal, lealtad suprema en todo aquello que me toque, defender la patria y sus instituciones, esta revolución hermosa que lleva adelante nuestro comandante Hugo Chávez. Lo juro", dijo solemne el también primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

La inusual asistencia al evento de los pesos pesados del chavismo —incluyendo al vicepresidente y sucesor político de Chávez, Nicolás Maduro, al ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, y al alto mando militar— buscó disipar los persistentes rumores de tensión entre las heterogéneas corrientes del chavismo, que van desde militares nacionalistas a radicales de izquierda afines al castrismo cubano.

Con un rol clave. El Parlamento unicameral (Asamblea Nacional) tiene un papel clave en medio de la incierta condición de Chávez, ya que es el organismo encargado de determinar la eventual "ausencia definitiva" del presidente de la república, lo que activaría la convocatoria de nuevas elecciones pese a la amplia victoria del líder socialista el pasado 7 de octubre.

La Constitución venezolana establece que el presidente electo debe asumir su cargo el 10 de enero, algo que parece muy poco probable en medio de un proceso postoperatorio complicado tras una hemorragia y una infección respiratoria. Buscando ganar tiempo, Cabello reiteró ayer que la fecha es un mero "formalismo" y que la juramentación de Chávez puede ser demorada hasta ver cómo evoluciona el carismático líder de 58 años. "El 10 de enero jamás se convertirá en una fecha para que la voluntad popular sea vulnerada", argumentó Cabello, cuya legitimación fortalece la influencia política y económica que ha acumulado tras 20 años al lado de Chávez en los que se ha granjeado muchos enemigos, tanto en la oposición como en las filas oficialistas.

La oposición no logró ningún representante en la directiva de la Asamblea Nacional, pese a que controla un tercio de los escaños y obtuvo más del 50 por ciento del voto popular en las elecciones parlamentarias de 2010. "Esta es la actitud intolerante, hegemónica de una parte del país que actúa como si los apoyaran el 100 por ciento de los venezolanos", dijo el diputado opositor, Hiram Gaviria, quien aspiraba a la primera vicepresidencia del hemiciclo.

La oposición ha rechazado categóricamente cualquier interpretación constitucional que postergue la juramentación presidencial con el argumento de que crearía un limbo legal.

"Eso no nos saca a nosotros de nuestro camino. Aquí es Constitución, verdad, convivencia, es democracia, eso es lo que es", dijo en la víspera el presidente de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo.

La última palabra en esta cuestión la tiene el Tribunal Supremo, dominado por afectos al Gobierno, pero Maduro adelantó la noche del viernes que al presidente todavía le restan 60 días del permiso de viaje que solicitó al partir a Cuba para operarse, lo que les permite postergar el acto de juramentación.

Unidad.El acto de asunción de Cabello se convirtió en una muestra de fuerza política y unidad del oficialismo, al que acudieron miles de seguidores, trabajadores estatales y beneficiarios de los programas sociales estatales, a fin de manifestar su apoyo y deseos de recuperación para el "Comandante-Presidente". "Ven acá Nicolás, que tú eres mi hermano. Todos somos hijos de Chávez", dijo Cabello tras la sesión de investidura en un mitin en la puerta del palacio legislativo, donde buscó una vez más mostrar la buena sintonía política y unidad de criterio bajo "el plan de Chávez" y descartó tender puentes con la oposición. Pero todos saben en Venezuela que Maduro y Cabello encabezan las dos facciones internas del chavismo, con visiones y aliados muy diversos. Maduro es el jefe del ala "civilista" y considerado más permeable a los requerimientos de la cúpula castrista de La Habana. Cabello lidera al ala militar, más nacionalista y alejada de los planteos revolucionarios de sabor marxista que gustan a Maduro y su sector. Cada uno de los dos tiene a sus espaldas a gobernadores, ministros y otros altos funcionarios del Ejecutivo y los otros poderes, dado que en Venezuela la división de éstos es apenas formal. Se cree que Cabello apuesta a fortalecer su dominio sobre el llamado "poder electoral", el organismo que controla las decisivas elecciones. Maduro cuenta sin embargo con una ventaja decisiva, al menos por ahora: fue designado por Chávez como su sucesor delante de las cámaras de televisión, cuando la noche del 9 de diciembre se despidió para partir a Cuba.

Pero las expresiones de unidad de ayer no disipan las dudas sobre la posible evolución de Chávez, quien no ha aparecido en público desde que viajó a La Habana hace casi un mes para someterse a la operación para combatir su tumor.

"Estamos acompañando a los diputados para elegir la nueva directiva y darle un frenazo a la oposición. Chávez está convaleciente, se complicó, pero estamos seguros de que se recuperará y pronto lo tendremos en Venezuela", dijo Antonio Pinto, de 67 años, ataviado del característico rojo que identifica al chavismo.

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