Lunes 04 de Junio de 2012
Hizo pata ancha bajo un clima y en un terreno totalmente adverso. Central Córdoba le copó la parada al Villero de puro guapo. Futbolísticamente ofreció poco. Pero se plantó y no arrugó. El Matador de Tablada tambaleó en cierto momento del encuentro ante Laferrere, es cierto. Aunque lo más destacado es que terminó quedándose con la serie de los cuartos de final del Reducido, fruto del sorpresivo 3 a 1 que supo conseguir en estos complejos pagos de La Matanza. Y este miércoles deberá enfrentar en semis a Berazategui, con el plus de tener bajo la manga la ventaja deportiva.
A pura garra. A puro corazón. Así forjó el charrúa el gran triunfo. Pensar que llegó como punto y se volvió al pago haciendo saltar la banca y la térmica en la pasional parcialidad anfitriona (ver aparte).
El empate cosechado en el Gabino Sosa el lunes pasado había dejado mal parado al equipo que comanda Marcelo Vaquero. Sobre todo porque a Lafe le bastaba con igualar para seguir en carrera en busca del boleto para jugar la promoción por el ascenso a la B.
Pero a la hora de la verdad el Matador aguantó entre las cuerdas la presión que nacía fundamentalmente desde las colmadas y coloridas tribunas. Y, ni bien pudo, metió el primer mazazo en seco. Lo hizo en el momento menos imaginado. Cuando el dueño de casa se preparaba más para convertir que para recibir un gran cachetazo.
Nicolas De Bruno lanzó un córner. Parecía que la defensa local tenía la situación controlada, pero falló. Y Nahuel Rodríguez aprovechó (37') sin dudar el regalito caído como desde el cielo. Mientras todo Central Córdoba salió a festejar, el estadio entró en shock. Y no era para menos. Laferrere estaba quedando en el camino ante un amarrete rival.
Tras el descanso, el Villero salió como una tromba. Si bien recién sobre la media hora logró recuperar el alma en el cuerpo, cuando Federico Rodríguez niveló las acciones, también es verdad que la alegría se le esfumó mientras el eco del gol retumbaba.
Fue cuando De Bruno metió una tremenda volea de media distancia que terminó dejando en el piso a un desesperado arquero González. Parecía increíble. Pero era real. Y mientras la desesperación comenzaba a ganar terreno en todos los órdenes, Fiorina le bajó la guillotina a la esperanza Villera y avivó el fuego de la ilusión charrúa.
Y así fue que el Matador, que terminó yéndose rápido del estadio, se aseguró en base a su garra y paciencia para lastimar, un pasaje a las semifinales del Reducido por el ascenso a la B cuando la mayoría lo daba por muerto. Ahora espera a Berazategui más vivo que nunca.