Jueves 16 de Junio de 2011
La escandalosa y descomunal estafa imputada al apoderado de las Madres de Plaza de Mayo muestra con claridad el nivel de corrupción que impera en este país. Querer imputar a los hermanos Schoklender toda la culpa de este gran fraude nacional es de una perversa chicanería. Nadie puede dudar de que todo este fraude, que comenzó hace más de cuatro años, era perfectamente conocido por el gobierno nacional después de las sospechas de toda la ciudadanía y las denuncias públicas de dos diputados hace más de un año. Esto comenzó muy mal cuando el gobierno de Néstor Kirchner, en una forma casi insólita, otorga a las Madres el poder de construir viviendas, sabiendo que toda construcción de obra pública debe estar en manos de los respectivos ministerios de Obras Públicas, ya sea a nivel nacional, provincial o municipal, quienes licitan (es obligación) a las empresas constructoras para realizar dichas obras, y cuyo control lo deben ejercer dichos ministerios. De todo esto, nada se hizo. Por lo tanto, el gobierno nacional es el responsable de esta descomunal estafa y despilfarro de dinero de la ciudadanía. Además, todos sabemos que casos como estos existen muchísimos, como los subsidios al clientelismo político, a empresas multinacionales y organizaciones desconocidas; coimas y sobreprecios, estafas por doquier. En fin, una escandalosa malversación de fondos públicos (dinero aportado por el pueblo) que el gobierno dadivoso no controla y mira para otro lado, y una Justicia que cajonea las denuncias (o alega "falta de mérito"). ¡Y pensar que vetaron el 82 por ciento a los pobres y sufridos jubilados alegando que no había dinero! No hay palabras para tanta ignominia.
Juan Carlos Bresán