El "Carlito", mito y realidad
No es mi deseo desmentir la merecida fama que siempre gozó el Bar Cachito, por sus sabrosos sandwiches tostados y otras apetiteces, a los que supe, como otros miles de rosarinos, hacer...

Jueves 05 de Diciembre de 2013

No es mi deseo desmentir la merecida fama que siempre gozó el Bar Cachito, por sus sabrosos sandwiches tostados y otras apetiteces, a los que supe, como otros miles de rosarinos, hacer buen mérito. Pero la historia debe ser respetada y, con mis ya cumplidos noventa y pico años, puedo afirmar que el Carlito ya estaba hace más de 70 años. Regreso a los años 40, yo volvía a casa. Estudiaba y trabajaba, vivía en Córdoba y Mitre. Al filo de la noche, con la madrugada,  acostumbraba a manducar con el feroz apetito de los 20 años un riquísimo emparedado, llamado “Carlito”, que en vez de tostarse se fritaba con esmero y poco aceite, teniendo como tapas el pan de sandwich, abrigando en su seno  jamón cocido, queso, lechuga y kepchut. El bar, abierto a la noche, afincado en esa calle sandwichera de Mitre al 800, por su ayer y su hoy,  se lo conocía como “la voz del hambre”. Lamento no recordar el nombre de su dueño, pero recuerdo sus canas, su blanco saco y cordial atención. Bar que quizás Gaby también supo conocer. Pienso que sería muy grato para la historia de Rosario, moderando un poco su mala fama de violenta y sus urgencias de futura metrópoli, que alguien con talento rescate y  memore antes de que se pierdan en el olvido a sus viejos bares y refugios, como Ehret, El Pampa, El Ancla, El Gran Vermouth, Londres, El Aguila, El Sol de Mayo y tantos otros lo merecen. Dice el tango, “Eran otros tiempos aquellos. No se conocía coca ni morfina...”, no tanta al menos, digo yo.

Juan Carlos Romano
DNI 3.690.388.