Martes 17 de Enero de 2012
El primer grupo de turistas argentinos que sobrevivieron al naufragio del crucero Costa Concordia en el mar Tirreno, en Italia, regresó ayer al país, donde la jueza María Inés Lona, quien se salvó al arrojarse al agua y nadar hasta un peñasco, denunció que el capitán "estaba muy enfiestado con mujeres y tomando" bebidas alcohólicas.
La magistrada mendocina, de 72 años, aseguró que el comandante de la nave "se fue primero y nunca dio un mensaje" a los pasajeros y resaltó que para tener una dimensión de la tragedia que provocó al menos 6 muertos y 15 desaparecidos "hay que mirar de vuelta" la película "Titanic".
Asimismo, Lona dijo que iniciará un juicio por el hecho al sostener que no vio a "ningún oficial" de la tripulación en tareas de emergencia y remarcar que "los botes" salvavidas "no eran suficientes para todos los pasajeros".
"Otros pasajeros que estaban en el buque dijeron que (el capitán Francesco Schettino) estaba muy enfiestado con mujeres y tomando" bebidas alcohólicas, denunció Lona en el aeropuerto de Ezeiza.
Con María Inés viajan sus dos hijas abogadas, María Silvina (41), quien también es jueza y María Valeria (36), con quienes habían contratado una suite en el puente 11, el más alto de todos, y que llegaron a tierra a bordo de una chalupa.
La mayor de las hijas de la jueza está obligada a caminar con un andador o sentada en la silla de ruedas a raíz de un accidente de tránsito, una complicación que aumentó mucho las dificultades en la emergencia.
"Los botes, al igual que en «Titanic», golpeaban contra los costados del buque", recordó la mujer, para rememorar luego que, en medio de la "desesperación" y corridas de los turistas, sus hijas "lograron subir a un bote" pero a ella le resultó imposible.
"Yo no conseguí subir a ningún bote y, con otras 80 personas, quedamos abandonados a las manos de Dios", enfatizó, y agregó: "El barco se inclinaba cada vez más. Mi temor era que se diera totalmente vuelta y me chupara, que la nave quedara cubierta por el agua".
Relató que "una voz femenina dijo: «Hay que tirarse», al tiempo que contó que se arrojó desde "unos dos o tres metros" porque ya "no había opción".
Lona precisó que nadó "unos 70 metros" hasta "un peñasco muy elevado", de donde luego fue rescatada.