Domingo 29 de Abril de 2012
Cuando era chico tenía un camioncito cisterna pintado con los colores del emblemático logo de YPF. Un camioncito hecho por la famosa fábrica Matarazzo que construía juguetes de hojalata muy bien logrados. Por entonces no sabía que ese logo circular representaba el orgullo argentino por contar con una de las petroleras más rentables y prestigiosas del mundo. Décadas después, en el marco de su estrategia neoliberal, la pasión privatizadora del presidente Carlos Menem vendió YPF en 1992 a la madrileña Repsol que pasó a ser Repsol-YPF. El Estado nacional conservó la "acción de oro" y con la gestión de José Estenssoro (fallecido más tarde en un accidente aéreo), siguió siendo una compañía exitosa. Pero en 1999 fue vendida la "acción de oro" a Repsol-YPF y a partir de allí, la empresa privilegió la "exportación de capitales" a España, en detrimento de la inversión en exploración y explotación, con lo que comenzó una progresiva decadencia. Como contrapartida, la política en hidrocarburos de Brasil hizo que el gran país sudamericano que siempre había estado detrás de la Argentina en el rubro petrolífero, la superara y se convirtiera en una potencia en el concierto de las petroleras mundiales. Desde hace meses, el gobierno inició una campaña de multas y retiro de concesiones por parte de las provincias patagónicas, de manera de bajar significativamente el valor de Repsol-YPF para poder comprarla al valor más bajo posible. Finalmente, luego de haber tenido que importar combustible en 2011 por 9.000 millones de dólares, decidió reestatizar YPF expropiando la compañía a los españoles, quienes apoyados por la Unión Europea amenazaron con represalias económicas y juicios internacionales. En general, la mayoría de la sociedad y de la oposición se ha pronunciado a favor de la determinación gubernamental de nacionalizar la vieja petrolera argentina pero no a cualquier precio, que como siempre deberíamos pagarlo todos. En la madrugada del jueves 26 la expropiación obtuvo la media sanción por parte del Senado, y se espera igual definición en Diputados. Como quiera que sea, no debe pensarse que el autoabastecimiento llegará mágicamente de la mano de la reestatización, y que la nafta fluirá a raudales y a bajo costo en las estaciones de servicio. Deberán transcurrir años y el aporte de millones de dólares en exploración y equipamiento, para que ese objetivo sea una realidad bajo el emblema circular blanco y azul.
Edgardo Urraco