El camino equivocado
La destacada. Hace muchos años, cuando estudiaba en el Normal de Profesores Mariano Acosta, con docentes brillantes —a quienes podíamos preguntar o analizar cualquier tema que resultara de interés para todos los alumnos—, siempre me interesó, dónde se estudiaba...

Jueves 22 de Enero de 2015

Hace muchos años, cuando estudiaba en el Normal de Profesores Mariano Acosta, con docentes brillantes —a quienes podíamos preguntar o analizar cualquier tema que resultara de interés para todos los alumnos—, siempre me interesó, dónde se estudiaba, qué le convenía inventar al hombre para su desarrollo, para vivir mejor, para prolongar la vida, para qué estábamos en la Tierra, para cumplir qué misión. Es indudable que los grandes descubrimientos se revelan, en gran parte, de casualidad. Estudiando un tema, descubren otro. Me acuerdo ahora del Viagra. Estaban estudiando la presión arterial y descubrieron la pastilla azul que revolucionó al mundo. Pero el tema es más serio, porque se refiere al futuro del hombre. Y me meto a opinar como simple maestro, capitán de ultramar (aclaro antes de la crítica que no lo estudié, siempre fue mi incógnita y ahora la refuerzo con los estudiosos que saben). Tenemos muchos genios, grandes profesionales. En la Universidad de Oxford, Inglaterra, se efectuó un estudio con profesionales del más alto nivel, que aseguran que a corto plazo, las máquinas, los robots portátiles, inteligentes, reemplazarán al hombre en más de 700 trabajos. Aplican un concepto matemático, para determinar cifras futuras. La evolución tecnológica del ser humano avanza, pero ¿hacia dónde? Dirán, lo manejan las máquinas, y el hombre lee, estudia, se eleva, y las máquinas hacen todo, le cocinan, le sirven el whisky, van al trabajo y lo reemplazan. Yo que tengo muchos años, que conozco mi país y algunos extranjeros, recuerdo trabajos que se fueron perdiendo. Era pequeño y el lechero pasaba, dejaba leche en una lechera que mi mamá llenaba; el vendedor de hielo, cuando comencé a navegar; el foguista; las chicas mecanógrafas de la calle Lavalle en Capital, que nos tipeaban los escritos. En China casi el 98 por ciento de automatización se utiliza para la industria automotriz. Recuerdo que de muy joven iba a visitar a mi abuelo en vacaciones y me metía con mis amigos en la cosecha, arriba de un carro con trigo, que llevábamos a la trilladora, se embolsaba y cosían las bolsas, en fin eran cientos los que trabajaban en la cosecha, con sus mujeres, sus hijos. Lo recuerdo como una fiesta de vida. Recuerdo haber leído sobre máquinas perfectas que puede usar un cirujano: la máquina perfecta, corta perfecto, todo es perfecto. Creo que todavía interviene el cirujano. O la perfección de los autos. Si te desmayás, él sigue a una mínima velocidad y para al costado de la ruta; si sos malo para estacionar, te avisa y te ayuda en la maniobra. Y todos los adelantos inimaginables. Todo es una maravilla, pero el hombre va perdiendo el trabajo, esa es la preocupación. Yo sé que los dueños del mundo están satisfechos con que el hombre sea reemplazado por la máquina, que obedece, puede trabajar horas sin comer, no hace huelga, no pide aumento. Yo no lo veré, tengan cuidado cuando la inteligencia de la máquina sea superior a la del hombre. Julio Verne, imaginó, vino otro y lo llevó a la realidad. El ser humano trabajó denodadamente para la tecnología, el progreso material y olvidó elevar el espíritu, la perfección del alma, el amor entre hermanos. La máquina con inteligencia superior lo reemplazará a corto plazo. Dios nos perdone por equivocar el camino.

No todo está perdido

“No todo está perdido”. Eso pensé el viernes a la noche cuando fui asistido por dos policías en una rotisería de la calle Catamarca al 2800. Sufro desmayos frecuentes provocados por una afección denominada síncope vasovagal y, esperando para retirar un pedido de comida, tuve los síntomas que me anuncian la inminente caída. Fue en ese momento que, junto a quien me acompañaba, fui asistido por dos policías que, espontáneamente, actuaron de inmediato. Su comportamiento profesional, su disposición y afecto permitieron que superara el mal momento. Después de ayudarme a subir al vehículo en el que habíamos llegado, la agente de la Policía Motorizada Mirta Pereyra y el agente de la seccional 13ª Ismael Guassardo me despidieron con un beso y una expresión que nunca olvidaré: “¡Cuídese que hay muchos que lo quieren, eh!”. Por un momento los sentí casi familiares. Estoy seguro de que por cada noticia de corrupción y delitos, hay una inmensa mayoría de policías como estos, jóvenes y solidarios, que son nuestra esperanza. Tal vez sea una anécdota pequeña. Lo que sé es que fue una acción necesaria y que, con actitudes humanas, se reconcilian las sociedades en conflicto. Muchas gracias.

Luis Jorge Lutman
DNI 6.039.526

Sólo el cielo llora

Una bala más, una voz que se apaga, una muerte más, la del fiscal Nisman. Y van... La verdad está cada vez más lejos en un día que podría haber sido clave. Sólo más confusión. Un pueblo cansado se vuelve indiferente y se queda sin voz. Un país donde sólo los poderosos tienen espacio, sólo para mentir. El cielo derrama gotas en un día muy triste para la República. Sólo hay una certeza y no es una sensación en millones de conciudadanos. Hay nada más que una palabra para describirlo: “impunidad”. La corrupción sigue más vigente que nunca en la Argentina, porque ésta ha teñido con sangre, más que nunca, la conciencia de toda una sociedad que es perpleja espectadora de cómo le roban la dignidad día a día.

Alberto Arias Pesado
DNI 18.490.929

¿Acreedores o deudores?

Hace unos días se publicó una nota relacionada con Arturo Jauretche sobre las “Zonceras argentinas”. El mismo autor, desde su crítica y acertada visión como testigo implacable de nuestra historia, posee otro libro titulado “El medio pelo de la sociedad argentina”. Refiere a un sector de la sociedad que ha construido y construye su estatus sobre una ficción donde las pautas culturales utilizadas son las que corresponden a una posición superior a la suya, y que es la que se quiere simular. Hubo un momento en la historia de la Patria en que los terratenientes eran principalmente ausentistas. Pasaban el año entero en Europa, educaban allí a sus hijos y aquí construían palacios a imitación de los franceses, canjeados algunos de ellos luego a la Iglesia a modo de indulgencia. Algunos traían institutrices desde Inglaterra para educar a sus hijos. Un cúmulo de hechos grandilocuentes y exagerados que llevó a un gran error. Muchos confundieron la bonanza de una clase social minoritaria con la situación del país. Por entonces, el Teatro Colón y la Sociedad Rural eran la puerta de ingreso a la oligarquía. El surgimiento del mercado interno provocado por las crisis mundiales, guerras de por medio, sumado al desarrollo industrial del peronismo, provocó la aparición de una nueva clase, la burguesía, que, en lugar de emprender un nuevo camino, quiso imitar a la clase terrateniente. Bajo la presión del aparato cultural de la oligarquía, se autoimpusieron como propios parámetros de éxito social de la vieja clase. Algunos se compraron campos y otros comenzaron a jugar al polo, apareció el tenis, deporte blanco como modo de diferenciación. Cuenta Jauretche: “No quiso ser guaranga, como corresponde a una burguesía en ascenso, y terminó siendo tilinga como corresponde a una imitación aristocrática”. Actualmente, un famoso almuerzo de la TV da crédito inequívoco de esta indefinida y peligrosa clase social, que arroja su propia mugre bajo la alfombra y destaca sus añoranzas por épocas denigrantes, mostrando comidas de nombres difíciles para que disfruten apellidos generalmente poco digeribles. Desde siempre el medio pelo busca el prestigio social accediendo a la propiedad de  tierras, ingresar a la Sociedad Rural, asistir a conciertos donde se adormecen, presenciar ballets sin entenderlos, formar parte con su vivienda de un country de moda.
El frenesí por buscar algo que los distinga los llevó a utilizar a sus niños como trampolín, entre otras barbaridades, excluyéndolos de la escuela pública y anotándolos en colegios donde los padres de los compañeritos fueran personajes de nivel social alto. Y sin medir el riesgo de que fueran rechazados socialmente o no aceptados en un ambiente donde algunos se consideraban realmente superiores. También necesitaban adoptar las ideas y posturas de una clase social oligarca y extranjerizante a la que trataban de imitar, promoviendo una imagen depresiva del país (envenenando el ambiente con expresiones clásicas de dichos grupos como “Este país de mierda”) en una típica actitud disminuida como argentinos. Y acechando con los baches de la calle, los cortes de luz o de agua corriente, la falta de horario en el transporte, reproduciendo en forma constante las malas noticias para dar satisfacción a su masoquismo antipatriótico. Al extremo de desear ser engañados por su propia mujer para luego decir que vivimos en un país de cornudos. Para esta clase de gente siempre ha sido más valiosa la opinión de lo extranjero o de los medios que apoyen dichas ideas, sin llegar siquiera a imaginar, a costa de su incapacidad, su forma inconsciente de apoyar siempre al acreedor, no sintiéndose nunca como parte del deudor.

Norberto Ivaldi
norbertoivaldi@gmail.com
DNI 6.077.533

Un poco de internet, por favor

Qué Windguru. Qué Weather Channel. Yo calculo (y otros usuarios también) que contamos con servicio meteorológico propio: Arnet, la empresa de internet de Telecom. Porque si hace mucho frío, calor, viento o llueve con algún tipo de intensidad, chau, se fue internet. Soy usuario del servicio o mejor dicho soy prisionero del servicio (por que no hay muchas alternativas por mi bendito barrio) desde el año 2005 y tiene una gran virtud, año a año se va degradando un poco más. Lo que no se degradó fueron los precios, esos siguen en alza y en alza, todos los meses un poquito más. Promociones, sí, para los nuevos clientes; los viejos ajo y agua (ajo-derse y agua- ntarse). En estos años jamás cumplieron con la velocidad prometida y en este sentido uno ha pecado de tonto o inocente, hay que dar gracias a Dios si te conectás, menos pueden cumplir con la velocidad. En conclusión el servicio es “caro, pero el peor” a diferencia de aquel viejo eslogan. La alternativa más clara es reclamar al proveedor del servicio. Mis experiencias al respecto no son muy buenas, en una oportunidad y por un error de facturación de ellos, me hicieron pagar lo que no había facturado en tres meses en concepto de conexión. Cuando pedí un traslado de servicio a otro domicilio, me siguieron cobrando como si yo estuviese usando el servicio. Solo que para mudarlo se tomaron su tiempo: nada más que dos meses. Está también la mesa de ayuda, en la cual el que te atiende piensa que uno es Bill Gates, te hace preguntas que uno no sabe si tienen respuestas y uno es un simple ciudadano que tiene una PC en su casa y quiere ver el Facebook. Es la terrible sensación de sentirse inútil y con el sabor que al final uno no tiene internet por culpa de uno nomás. A esta altura no pretendo pedir milagros, sólo es una tarea simple: contrato un servicio, pago por ello y quiero que cumplan en tiempo y forma. Nada más.

Pablo Gabriel Giménez
DNI 21.531.682